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EDITORIAL
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SACRIFIQUEN A CALDERÓN, NO AL PAÍS Una de las fallas estructurales más perniciosas del Gobierno de Felipe Calderón es la colusión entre dos poderes: el Ejecutivo Federal y el llamado poder fáctico de la comunicación. Fue tan evidente el maridaje entre el gobierno federal y los medios de comunicación electrónicos que, durante el proceso de protesta del movimiento sindical para mostrar su rechazo a la extinción del Sindicato Mexicano de Electricistas de Luz y Fuerza del Centro, se les salió de control y ampliamente mostraron lo que querían ocultar. Se echó a andar un movimiento mediático dirigido a manipular la realidad, mostrando a la sociedad mexicana, con viles engaños, las “bondades” de la política del gobierno federal. El SME y su aliados solidarios eran los “malos” y el Gobierno federal los “buenos” e impolutos. Como la campaña fue exagerada, los resultados fueron contraproducentes. Se requieren grandes dosis de imbecilidad para creer en las burdas patrañas de los comunicadores al servicio de Televisa y Tv Azteca. La evidente falta de objetividad desbordaron los límites de la cordura, cuando se podía decantar el veneno de la mediocracia y la falta de equidad para presentar los argumentos de la parte agredida en la que utilizaron toda la fuerza y el peso del Estado. Los comunicólogos de Televisa no guardaron las formas ni los modos. Se trataba de apachurrar al enemigo sin miramiento alguno. Sin el menor pudor ocultaron los datos duros del diferendo, como pueden ser los índices de desempleo que ha producido el régimen calderonista en solo tres años de desgobierno. En este momento, según el INEGI, el índice de desempleo alcanza 6,2% en tercer trimestre de 2009, gracias a Felipe Calderón, el campeón del desempleo en México, lo que significa que 2.9 millones de personas están sin trabajo en este momento en México, de las cuales al menos una pequeña parte, estarían dispuestas a realizar actividades delictivas con tal de poder llevar un mendrugo de pan a sus hijos o medicinas a sus pequeños hijos enfermos. Este es el cuadro que está formando la iniquidad de la política de Felipe Calderón. De esto, hasta los insensibles empresarios son capaces de percibir que se ha formado un frente de choque que necesariamente tiene que estallar por quítenme estas pajas. Solo les falta organización y una dirección racional y decidida para lanzarse a las calles al asalto a los supermercados para conseguir los satisfactores indispensables para su supervivencia. Contando con herramientas sociopolíticas adecuadas, el rector de la UNAM, el doctor José Narro Robles, y otros prestigiados líderes sociales intelectuales pusieron a trabajar su sensibilidad para el análisis y determinaron medidas urgentes e indispensables para intentar evitar el choque violento entre los desesperados, movidos por la pobreza, pero ellos solos no van a poder evitar el enfrentamiento. El muy reciente, pero finalmente tardío, rechazo de los empresarios de la élite, a las políticas económicas del calderonismo, seguramente ayudará, pero tampoco es una garantía de desactivar la bomba social; se requiere echar fuera o al menos, marginar a Calderón. Por ello se torna demasiado peligrosa la actual y enorme huida de capitales que en cualquier momento provocará una grave devaluación del peso, con todas las secuelas perniciosas para la economía de las capas más desprotegidas de la población. Y entonces sí ¡sálvese quien pueda! Gerardo Reyes Gómez 16 de noviembre de 2009
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