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EDITORIAL
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Desesperado Calderón porque no le sale nada de lo que emprende optó por adoptar el Plan “B”; salirse otra vez, de la ortodoxia panista. Para comprender el problema del señor que llegó a Los Pinos “haya sido como haya sido”, es necesario poner en primer plano la más cara de sus ambiciones: impedir que el próximo sexenio retorne el PRI al poder. Si él no logra ese propósito siente que ya tiene un pie en el basurero más inmundo de la historia. Con esa primera prioridad martillándole el alma, Calderón dio un paso inesperado para ofrecer la Presidencia de la República a un político no panista, pero que tuviera la posibilidad real de vencer al priísta Enrique Peña Nieto, aunque éste lleve un gran ventaja en el camino andado durante más de tres años en tal empeño. Y hete aquí que como no cuenta con ningún gallo panista no faltó que alguno de sus asesores le sugiriera a Juan Ramón de la Fuente Ramírez, el ex rector de la UNAM. Juan Ramón no dijo que no, pero le contestó: espérenme tantito y ahí comenzaron las negociaciones para que Calderón abriera el cofre de sus sueños y, de paso los de De la Fuente. El ex rector ha sido el candidato natural sin partido a la Presidencia de la República, desde que lo conozco. Por ello no se cuece al primer hervor, inteligente y sagaz ha ido formando una red de notables, intelectuales, políticos y lideres de grupos de poder que tienen puestas sus esperanzas, como ellos dicen: “just in case” en el gran carisma del distinguido universitario que ha logrado desarrollar a través de los años una destacada personalidad., y que a él en lo personal, le ha costado mucho cultivar, porque en medio de su esencia existe un componente negativo apenas perceptible; quizá el más peligroso de los siete pecados capitales: el de la soberbia. Sin embargo, y a pesar de ello, por el momento no existe otro personaje en el espectro político que reúna las características y el potencial necesario, así como el lugar de privilegio que ocupa en le opinión pública, para derrotar a Peña Nieto. Ahora que la oferta de Los Pinos incluye aceptar la lid en dos etapas, primero abordar el Estado de México y después la grande, pero dado el clima y la tradición de traiciones, el reto posee sus bemoles. El grupo Atlacomulco no está formado por tullidos. Para ellos significa tanto, que estarían dispuestos, si es necesario, a cobrar la vida de quien se atraviese en el camino. Saben que hay mucho en juego pero que el botín lo justifica. Así que sobre aviso no hay engaño. De la Fuente tiene la palabra. Gerardo Reyes Gómez 26 de julio de 2010
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