UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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Como el infausto recuerdo de una pesadilla, quedó grabada en la memoria presidencial el episodio sucedido en el municipio de Tlatlaya, en el Estado de México, pero o pararían ahí las cosas.  

Durante la ultima semana, esto es, la anterior, la violencia que habíamos anunciado en la guerra que vive México produjo una serie de hechos escandalosamente violentos, que más bien parecieron como una pesadilla. La policía municipal de Iguala, en el Estado de Guerrero, disparó sus armas en contra de estudiantes de la normal de Ayozinapa, produciendo al menos seis muertos de entre las filas de los manifestantes. 

Lo descrito parece obedecer a una repuesta articulada por el gobierno federal que, en una acción con poco precedentes, está semejando la respuesta política del ejercicio del Estado represor como una campaña policial para acallar las protestas de una sociedad civil al borde de la desesperación, porque la derrota de la política está presente en muchas de las estrategias exhibidas por la dirigencia del Estado Federal. 

No pocos analistas han creído apreciar la cercanía de la fecha emblemática de un famoso dos de octubre, para equiparar conductas anti gobierno como una repuesta directa a los excesos de la desbocada corrupción y el deterioro de las instituciones nacionales y los representantes de esas instituciones que se han apartado de la búsqueda del estado de bienestar, para dar paso a la opresión y a proyectos oficiales que persiguen los fines de las elites más que cubrir las necesidades de alimentación de un pueblo que se debate entre el hambre y la pobreza. 

Como quiera que sean las cosas, la protesta social va en crecimiento constante, casi al mismo ritmo que la violencia. A este paso el número de víctimas crece en forma exponencial y el país se encuentra en el camino de de la desestabilización. 

La falta de cultura priísta del máximo dirigente de Los Pinos, le impide ver muchas cosas, como por ejemplo los efectos de la devaluación del peso mexicano en relación al dólar estadounidense, del pasado viernes. Ya que bien decía un principio partidista que dicta que: "un presidente que devalúa, se devalúa". 

Volviendo a nuestro tema, creemos que el Estado represor no es la repuesta al actual estado de las cosas. Un cambio en la actitud del partido en el poder, será definitivo para evitar mayores derramamientos de sangre en momentos de profunda crisis de credibilidad y angustia social.  

POR GERARDO REYES GÓMEZ

29 de SEPTIEMBRE de 2014

 

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