UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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EL GENERAL FRUSTRADO 

Como un general pillado en falta, al que lo atosiga la vergüenza, el general Secretario de la Defensa Nacional, Salvador "Sinfuegos", debió admitir, ante la flagrancia de sus excesos de la tropa de asesinos, que se había "sobre comportado" como un cadete chicuelo de criminal proceder. 

Después de enterarse, el general secretario, de que el juez que consideró que había elementos para enjuiciar a algunos efectivos del 97 batallón de Infantería, con asiento en Calera, Zacatecas como presuntos responsables de la desaparición forzada de cinco varones y dos mujeres, los cuales días después aparecieron sin vida y con huellas de tortura. La SEDENA consideró que había indicios de la participación de su personal en el ajusticiamiento.    

Finalmente y a regañadientes las autoridades militares, admitieron  que se les había pasado la mano desde hace algún tiempo, y se habían comportado como juez y parte en la persecución policiaca que, con tanta enjundia, habían emprendido por la presión e insistencia de su jefe, el presidente de la República. 

Sin embargo, en esta ocasión, y ante la flagrancias de los hechos, el general secretario, no tenia para dónde hacerse. Un puñado de milites había sacrificado a jóvenes inocentes, ante el estupor de los habitantes de la República. Adoptando y personificando a las autoridades civiles, los militares presuntamente, ejercieron la máxima represión dando muerte a un grupito de jóvenes, que sin cumplir los protocolos de la justicia civil fueron salvajemente tratados y asesinados por una fuerza militar, que debiera estar al servicio de la República, y no de los enfermizos caprichos de un poder Ejecutivo omnímodo federal. 

Ahí quedó para la historia una lección de lo que no se debe dar en una presunta democracia de juguete. La barbarie y el deshonor de una institución que existe para la defensa nacional y nunca para ejercer funciones policíacas. Hasta allí llegó la vergonzante actitud de un Congreso de la Unión que, aunque sea por omisión, permitió que las cosas llegaran hasta los lamentables hechos que rodean tan malsana situación. 

Se impone un alto en el camino y un reencuentro de las funciones originales que le dieron vida a nuestras instituciones judiciales. El Congreso de la Unión no está al servicio de la Presidencia de la República, por más que haya distorsiones y falta de oficio político en los más altos mandos del Poder Ejecutivo. Sería causa de una aberración jurídica y también provocaría distorsiones graves en la aplicación de la Ley.

POR GERARDO REYES GÓMEZ

03  de AGOSTO de 2015

 

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