UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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De ciervos de la nación a ciervos del presidente 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, está compuesta por ministros colmados de canonjías y privilegios que, nominalmente, ganan más que el mismo presidente de la República. Pero, claro, en realidad sirven mucho más al presidente que a la Nación. 

Desde los Estados Unidos de Norte América la cadena internacional de CNN, en español, le dieron una cachetada al señor Enrique Peña Nieto el sábado pasado, cuando dieron a conocer la noticia de que el jueves de la semana pasada, habían finalmente liberado en México a un preso hondureño que llevaba casi seis años de prisión por causas que nunca le fueron comprobadas.  

Con esa eficiencia trabaja la justicia mexicana cuando de impartirla se trata, en un país que, su sistema político, hasta hace muy poco se repetía, en su discurso oficial machacón, que en nuestro país se vive en un Estado de Derecho.  

La cachetada consistió en dar a conocer cómo se las gasta nuestra más alta autoridad judicial en México, cosa que por demás, ya  sabíamos desde hace mucho tiempo. 

El señor Ángel Colón Almícar fue detenido en una casa de "polleros" (grupos que se dedican al tráfico de migrantes centroamericanos para introducirlos ilegalmente a través de la frontera con los EE. UU. de Norte América). El señor Colón asegura que fueron elementos del Ejército Mexicano quienes realizaron la aprehensión. 

También declaró, en la presentación televisiva interrogado por el conductor Rafael Romo, de CNN en español que, desde casi los primeros momentos en que fue detenido, fue torturado, golpeado, sobajado, y violado en sus partes nobles por sus captores y obligado a declararse culpable de lo que les dio la gana y que siempre les explicó la verdad sobre los motivos que lo obligaron a estar en México ilegalmente, sin tramitar el procedimiento legal correspondiente.  

Sin embargo, la violación de sus derechos humanos partió desde el momento que no le permitieron solicitar la ayuda consular para avisar a las autoridades hondureñas lo que le estaba sucediendo y, las autoridades mexicanas, le asignaron a una persona que se decía su defensor, pero nunca le creyeron y fueron meses de sufrir el estigma de ser torturado y haber atacado constantemente su autoestima. 

Finalmente, después de cinco años, logró hacerse escuchar por algunas organizaciones de derechos humanos y así logró mover un poco la atención hacia la injusticia de que era objeto. 

Gracias a esas gestiones fue el interés de algunos medios de comunicación, rompieron  el silencio que rodeaba al caso, y fue que finalmente, alguien de la autoridad mexicana, obligada por el justo ruido que creaba la triste situación del inculpado, movió los resortes diplomáticos necesarios para lograr su liberación. Él espera poder ser resarcido, de alguna manera, por la injusticia mexicana y presentará una denuncia al respecto. 

Si los ministros de la Suprema Corte hicieran su trabajo medianamente bien, este tipo de casos nunca deberían suceder.

Ah, pero que bien saben cobrar y auto asignarse privilegios y sueldos y bonos millonarios, con la complicidad solapada de la Presidencia de la República.

POR GERARDO REYES GÓMEZ

20 de OCTUBRE  de 2014

 

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