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| CASTAÑEDA;
UN AGENTE INTERNACIONAL EN EL GOBIERNO MEXICANO Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 17-12-01) El martes pasado, 11 de diciembre, durante la comparecencia del canciller Jorge Castañeda Gutman ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, tuvo lugar un hecho insólito, el señor de Tlaltelolco mostró su carta oculta con la que se permitió ganar la partida de póquer abierto entre el Poder Ejecutivo y el Congreso: el secretario de Marina envió un navío mexicano a participar en maniobras conjuntas o simulacros de guerra, en aguas internacionales, frente a las costas de Colombia. El asunto, que parece menor, posee una gran trascendencia. Por
primera vez en la historia México participa, en tiempos de paz, en
ejercicios conjuntos poniendo una nave de guerra, de bandera mexicana,
bajo las órdenes de otra nación y sin autorización del Congreso. A
decir verdad, y en estricto apego a la legalidad, no existe impedimento
constitucional alguno para que el presidente de la república, obedeciendo
la estrategia de su controvertido canciller, pueda tomar esta
decisión. Sin embargo, al romperse con esa medida una tradición de más
de un siglo, en la historia diplomática y militar de México, nos obliga
a una revalorización del papel que juega el señor Castañeda Gutman en
la toma de decisiones frente al mismo jefe del Ejecutivo y los otros
poderes de la Unión. Todo
parece apuntar a que los pragmáticos políticos estadounidenses, cansados
de esperar una rápida e incondicional integración de México a su
proyecto geopolítico, decidieron, desde principios de la administración
de Miguel de la Madrid, colocar a un representante de sus intereses dentro
de la estructura de poder político en México. Fue una decisión que
implicaría lograr sus objetivos a largo plazo y paulatinamente cambiar
las reglas del juego de su diplomacia en nuestro país. El embajador
formal de los EE.UU. en nuestro país se convertiría, poco a poco, en el
representante que defendería los intereses comerciales, financieros,
culturales y los demás de la diplomacia tradicional, pero los intereses
políticos del imperio estarían representados por un agente incrustado
dentro de la maquinaria del Ejecutivo. De esta
manera fue seleccionado y reclutado un agente internacional al que se le
fabricaron contactos y antecedentes que le permitirían, en un tiempo récord,
poseer las calificaciones necesarias para poder ocupar una posición de
primer nivel en la estructura de poder en México; José Córdoba Montoya,
quien poseía un nombre y origen hispánico, y por lo mismo no encontró
gran rechazo, fue el primer representante directo de los intereses geopolíticos
estadounidenses en nuestro país, durante dos sexenios. Con Carlos Salinas
de Gortari, primero fue asesor y luego fue jefe de la Oficina de la
Presidencia, pero él, personalmente manejaba la relación diplomática
entre EE.UU. y México y continuó haciéndolo tras bambalinas durante la
administración de Zedillo. A partir de ese momento los embajadores
mexicanos en Washington perdieron su relevancia, pasando a segundo término. En
los avatares de la política mexicana Córdoba Montoya proyectó a la
Presidencia de la República a Ernesto Zedillo, el personaje que
traicionando a su supuesto partido debería dar paso a la transición, por
ello Córdoba no pudo mantenerse al margen de la ejecución de Luis
Donaldo Colosio; para él lo fundamental era cumplir con los objetivos que
le ordenaban sus superiores del imperio. Al perder vigencia Córdoba, con la inducida caída de Zedillo para abrirle paso a Vicente Fox, todo indica que Castañeda Gutman es el nuevo representante de los intereses políticos estadounidenses incrustado en nuestro Gobierno, por este motivo, el hombre fuerte del sexenio, incluso por encima del mismo Fox, resulta ser el famoso canciller, quien, no solamente representa al Departamento de Estado, sino a un círculo de poder mucho más definido y diríamos siniestro: la red judía de poder mundial, que es una estructura que hace parecer a aquella obra maestra de la propaganda y de la insidia, conocida como “Los Protocolos de los sabios Sión”, como un juego de niños en una feria de Disneylandia. |
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