CHIAPAS,
LA LEY INDÍGENA Y EL EZLN
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 16-09-02)
Sucede
un poco como aquel parroquiano que caminando por la calle entra en un
negocio y pregunta fuerte y claro: disculpe señor ¿tiene chuletas? Y el
dependiente le contesta: no señor... pero usted debe ser gallego. Y ¿cómo
lo supo, será por el acento? No, replica de nuevo el dependiente, porque
esta es una ferretería. Así la Suprema Corte de Justicia de la nación
se tardó meses para declararse incompetente para sancionar una reforma a
la Ley Indígena y con ello, ahora, crea un problemón de antología.
El
panorama de los grupos indígenas se obscurece y el del Poder Ejecutivo no
le va a la zaga, porque ¿alguien recuerda con qué cachaza el señor
Vicente Fox, en uno de sus muchos desafortunados desplantes de campaña,
prometió que si llegaba a presidente él acabaría con el problema de
Chiapas en quince minutos? Esa observación nos sirvió mucho para medir
el coeficiente intelectual del entonces candidato, tanto como su
experiencia y cúmulo de conocimientos sociopolíticos. Hoy, ese
exabrupto, más que baladronada, nos parecería como si ahora nos
prometiera que antes de que termine su sexenio él será capaz de tapar el
sol con un dedo y, además, pretendiera que en México se le creyera.
Sin
embargo, lo grave no es la falta de conocimiento de la historia de un señor
que tendría la obligación de manejar el ABC de la política; no, lo dramático
es que ninguno de sus asesores pudo o quiso explicarle al señor Fox lo
que significa el fenómeno zapatista, que fuera encabezado por el
subcomandante Marcos, para que no hiciera el ridículo, y mientras él no
entienda ese movimiento popular, no podrá darle solución ni ahora ni
nunca.
Los orígenes
del movimiento en Chiapas se remontan lejos en la historia y no están
ajenos a una respuesta autónoma de nuevas alternativas y el
“contraimperio”. Esa lucha es biopolítica e implicaba desde
injusticias ancestrales hasta el rechazo directo al Tratado de Libre
Comercio con EE.UU. y Canadá. Aunque esa lucha nunca estuvo conectada con
ningún otro movimiento, porque demanda satisfactores regionales específicos,
pronto alcanzó una dimensión de cobertura global, antes de terminar la
primera fase de su desarrollo, porque en esencia cuestiona elementos
fundamentales del imperio global.
Fox no
entendió a qué se enfrentaría su gobierno, y no porque éste
representara algún peligro de ser derrocado o verse inmerso en un
violento movimiento armado que significara algún peligro para su
administración sino, porque en la lucha simbólica de resistencia de
amplios grupos localizados en el mundo, en contra de la nueva soberanía
imperial, Marcos se convirtió en un icono que proyectaba al mundo una
incipiente pero valiente respuesta. El interés suscitado en los EE.UU. y
en la Unión Europea por EZLN fue extraordinario y si Fox y sus asesores
están impedidos para darle correcta lectura al problema de Chiapas,
dentro de un análisis simbólico, entonces ellos no tienen nada que
hacer; están perdidos.
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