LOS SOLDADOS DE LA GEOPOLÍTICA ESTADOUNIDENSE
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
14-10-02)
A estas
alturas, de los acontecimientos mundiales más relevantes, quién puede
negar que la primera potencia bélica del planeta se encuentra enfrascada,
utilizando todo su poderío, en su proyecto geopolítico prioritario: el
control de los yacimientos energéticos del mundo y nada ni nadie los
convencerá de renunciar a él.
La
Organización de las Naciones Unidas comienza a vislumbrar su desaparición
porque no cumple con los objetivos para la que fue creada. En estos
momentos la ONU se encuentra sujeta a enormes presiones para que legitime
la primera guerra del Siglo XXI, si es que a esta se le puede llamar
“guerra”, ya que se tratará de una agresión directa de la gran
potencia y sus aliados contra una pequeña nación gobernada por un
tiranuelo autoritario y poco inteligente que ejerce su poder a la usanza
medieval. En el asunto no hay proporción ni equivalencia, sobre todo en
la desmesurada diferencia entre poderes, dos culturas y dos proyectos tan
divergentes.
Las
fuerzas de la CIA, ese ejército informal encargado de conseguir en el
exterior de los EE.UU. los objetivos que le imponen desde Washington, están
trabajando horas extras para llevar a cabo sus operaciones encubiertas en
diferentes puntos del globo terráqueo. Diseminados por toda la geografía,
los hombres de la CIA se ocupan, por ejemplo, de inyectar todos los
recursos necesarios a los grupos de poder empresariales, especialmente los
que controlan los medios de comunicación en Venezuela para derrocar al
presidente Hugo Chávez, quien encabeza los destinos políticos de esa
nación, curiosamente petrolera. La decisión fue tomada, desde hace meses
en el Departamento de Estado en Washington, con aval el total del
presidente George W. Bush, y si Chávez aún se sostiene en el poder es
gracias a una amplia base popular cimentada en células bolivarianas de
corte independentista. Claro que los de la CIA podrían matarlo, esa
situación que fue estudiada a conciencia, sin embargo, Washington
prefiere no solamente acabar con el hombre que pretendió efrentárseles,
sino, también, terminar con cualquier proyecto semejante en América
Latina. Ya no podrían tolerar otra Cuba en el Continente Americano.
Por ello, si la salvaje derecha no logra pronto derrocar a Chávez,
se iniciará un movimiento aún más violento en el cuál no importará la
cantidad de sangre venezolana que corra por las calles de Caracas, para
terminar aplastando al todavía presidente y a sus principales seguidores.
Blair,
Aznar y Berlusconi, sí saben lo que George Bush trae entre manos y hacia
dónde va, pero tienen la esperanza de saciar sus intereses con lo que
sobre del festín, como en un despiadado ataque de las hienas a una presa
incapaz de defenderse, pero una presa que vive en cotos privilegiados de
recursos que servirán para alimentar por muchos años las cada vez más
ingentes necesidades de energía de las potencias del orbe.
|