FOX Y LA ALTA POLÍTICA INTERNACIONAL
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
07-11-02)
Aceptemos,
en principio, la siguiente premisa: nadie escupe al cielo, sin atenerse a
las consecuencias o, para decirlo de otra manera, hasta un imbécil sabe
que una piedra lanzada hacia arriba, más temprano que tarde retornará al
suelo; para darse cuenta de ello no se requiere poseer una gran
inteligencia, sino contar con un mínimo instinto de conservación.
Utilizo
esta metáfora para explicar que si el señor Vicente Fox sabe que él fue
proyectado por los EE.UU. a Los Pinos, cómo podría ahora enemistarse con
la administración Bush, sabiendo que sin su apoyo no duraría ni seis
meses como presidente de México. Todo esto viene a cuento porque en una
campaña en los medios nacionales e internacionales, magníficamente bien
orquestada, se pretende dar la apariencia de que existe un profundo
diferendo entre la política internacional de la administración Bush y la
del señor Fox. Para dar sustento a lo anterior muestran, como ejemplo más
socorrido, la diferencia de visión que existe al interior del Consejo de
Seguridad de la ONU, por parte de los diplomáticos de EE.UU. encabezados
por John Dimitri Negroponte y de México Adolfo Aguilar Zínzer, con
respecto a la abierta intención de Bush de derrocar a Saddam Hussein. Sin
embargo, el diferendo diplomático es, insistimos, pura apariencia porque
no existe tal; finalmente Aguilar Zínzer votará como el señor Fox le
ordene: a favor de los EE.UU.
Si
tomamos en cuenta la premisa que mencionamos al principio, tendríamos que
aceptar que la reciente reunión de la APEC en Los Cabos, fue todo un éxito:
permitió a Bush tratar con excesiva frialdad a Vicente Fox, justamente
antes de las elecciones internas estadounidenses, con lo cual Bush sacó
de la agenda el candente tema de la migración de mexicanos a EE.UU., en
aparente respuesta a la actitud de Fox de aliarse con Francia y Rusia para
buscar una decisión consensuada en el seno del Consejo de Seguridad. Sin
embargo, en ese mismo evento de Los Cabos, el secretario de Estado Colin
Powell se la pasó en el ¡ji, ji, ji! y en el ¡ja, ja, ja! con Jorge
Castañeda, lo cual denotó el uso de un doble lenguaje de parte de ambas
diplomacias.
No pasó
mucho tiempo para que el gobierno estadounidense filtrara, como es su
costumbre, a uno de sus diarios más influyentes la amenaza que se cierne
sobre la administración del señor Fox y además afirmando que México
debería de ser tratado, más que como un amigo, como una “piñata política”,
con todo lo que eso implica. Con ello se cerró el círculo del diseño de
la estrategia de Alta Política cuyo objetivo persigue brindarle
legitimidad al presidente Fox para que permanezca en el poder, ya que la
crítica más incisiva y demoledora en contra del actual presidente
mexicano es, precisamente, su proyanquismo. Ahora, aparentemente México y
EE.UU. están confrontados y, supuestamente, Fox ha dejado de ser, al
menos en cierta medida, un lacayo del imperio.
Es
importante resaltar que la estrategia resultó brillante y correspondió a
un diseño internacional, la cual no hubiera podido ser tan exitosa sin la
participación del Departamento de Estado y la cooperación del huésped
de la Casa Blanca. Los asesores de Fox y Bush finalmente se han
despabilado por lo cual, aunque no aprobemos los resultados, debemos
reconocer que fue capaz de reinsertarnos en la nueva geopolítica
imperial.
|