EL ENEMIGO
PÚBLICO NÚM. 1 DE MÉXICO
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
18-11-02)
Qué
lejos estaban los ciudadanos mexicanos aquella mañana del 6 de julio del
2000 de imaginar que darían vida a un formidable enemigo. A un ser que,
como prospecto, prometía mucho, hablaba valiente, directo, chocarrero y
hasta simpático, especialmente si se le comparaba con un par de sus
contrincantes, los cuales fríos, acartonados, que abusaban de la pasión
fingida, del discurso prefabricado, del gesto poco sincero y de la más o
menos velada mentira.
Si bien
es cierto que no había mucho de donde escoger, ni el más pesimista de
los analistas auguró el encuentro con una figura que con una rapidez
inusitada pronto se convertiría en lo que es hoy en día: el enemigo público
No. 1 de México. Enemigo jurado de las mejores causas de los mexicanos,
de su patrimonio cultural, de su patrimonio económico, de los legados de
la historia, pero, sobre todo fue criminal cuando le robó a su pueblo la
esperanza en el futuro; le prometió un CAMBIO, así con mayúsculas y en
abstracto, y finalmente resultó con la misma gata, nada mas que
revolcada.
Afirmamos
que él es un enemigo de los mexicanos porque haciéndose pasar por
interprete de los anhelos populares trabajó, poniendo lo mejor de sus
empeños y desde el primer momento, para el enemigo histórico de
México, porque haciendo uso de un cínico como tramposo lenguaje
abusó como nadie de la demagogia. Porque nunca le dijo al pueblo que
carecía de proyecto propio, y que, como su antecesor, su misión era
traicionar, que su compromiso era con otros, con las transnacionales, que
no poseía lealtades sociales que estuvieran más allá de sus contados
amigos, de ese grupúsculo de escoria que interesadamente lo llevó al
poder. Nunca dijo que traicionaría a su partido, al instituto político
que, forzado por los poderosos le prestó la franquicia blanquiazul y que
terminaría por utilizarlo como un vil peldaño de modesta cantera para
subirse hasta la silla.
Es el
enemigo No. 1 porque él, como nadie, ha socavado los valores
tradicionales de un pueblo con historia, ha puesto en suerte los recursos
estratégicos del país, para que las transnacionales penetren hasta el
occipucio en las entrañas del río Unsumacinta, degradando comunidades
indígenas, construyendo presas, depredando bosques, inundando el pasado
hablante de estelas, frisos y arcos, entre otras ruinas de los mayas. Para
que esas mismas transnacionales adquieran derechos en propiedad para
explotar energéticos no renovables y chupen del subsuelo de montes y cañadas
la sabia negra de las entrañas de la tierra que mantiene en movimiento a
millones de motores de la industria extranjera y que nos pagan al precio
que ellos establecen. Lo que nos indica que ellos vienen por lo que creen
suyo y el enemigo No. 1 nada más los representa.
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