EL
RECTOR DE LA UNAM EN PROBLEMAS
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
18-11-02)
Con
pies de plomo, pero con las alas de Mercurio en sus intenciones, el rector
de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente inició ya la precampaña para su
reelección, luego del gran éxito político que significó la presentación
de su propuesta: Principios, Coincidencias y Convergencias, hacia una Política
Hacendaria de Estado, en el foro de la Secretaría de Gobernación. Sin
embargo, eso ha sido sólo el principio, otros grupos universitarios
trabajan bajo la inspiración del rector y de su asesor estrella , para
tratar de aportar soluciones a otras graves divergencias entre gobierno y
sociedad.
Magníficamente
asesorado por ese ex subsecretario de Estado, el rector está buscando, en
estos difíciles tiempos, sus nuevos límites de actuación política, por
eso pisa firme y avanza con pies de plomo. Sabe que está poniendo a
prueba su investidura de líder de la comunidad carismática, tal como
fuera definida la comunidad de los científicos debido a que ésta
está liberada de ideología y no postula una serie de principios o
creencias formales, pero, sin lugar a dudas, es una comunidad que ejerce
un enorme ethos que le permite,
implícitamente, proponer reglas de conducta a personas e instituciones.
¿Hasta dónde puede llegar la autoridad moral del rector para, hacia el
exterior, invitar a adoptar criterios de actuación a los partidos políticos
y al propio poder central? Y lo que tampoco es cosa menor, hacia el
interior de su comunidad ¿cómo legitimar su nuevo papel de árbitro y
alter ego, sin ser acusado de ejercer un soterrado protagonismo que le
reditúa beneficios personales del fomento de su imagen?
Recordemos
que debido a que la ciencia, más que una profesión, es una vocación, la
comunidad que encabeza el rector, cuando ejerce su calidad carismática,
puede ser calificada como una comunidad sagrada, aunque desprovista de
sentido religioso.
El jefe
nato de la UNAM, desde la, por lo menos hasta hoy, sagrada atalaya de la
ciencia, se irguió para, utilizar un lenguaje profano pero conciliador,
muy ajeno al académico utilizado por su la comunidad, para anunciarnos
que sus dotes de negociador político en los ámbitos de nivel nacional,
exceden a los que impone las exigencias del campus académico. Sin
embargo, ello no lo exime de que, en momentos de aguda crisis de
gobernabilidad y liderazgo en el país, él pueda aportar, como un ciudadano mexicano, plenamente identificado con las mejores
causas de la nación, una participación activa que va más allá de su
investidura de rector. Aunque justo sería reconocer que no debemos
mezclar las peras con las manzanas.
La
reelección a la rectoría de la UNAM necesariamente pasa por en medio de
un proceso de reconstrucción y proyección de imagen, y De la Fuente sabe
que si no logra ese objetivo todo está perdido. Hasta ahora van
relativamente bien las cosas, pero si la pretensión es la búsqueda de
una candidatura presidencial, eso ya sería otro cantar y otras muy
distintas las reglas del juego, para él y para la Universidad. ¿Estará
el rector arriesgando también la seguridad de la institución?
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