UN
PRESIDENTE Y UN RECTOR; DOS CONFLICTOS DE PODER
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
20-01-03)
Si la
UNAM fuese un gran hospital de urgencias ya, desde ahora, se estarían
reservando numerosos quirófanos para atender a las víctimas que se
producirán en el fragor de la batalla dos importantes confrontaciones: la
renovación de los miembros de la Cámara de Diputados y la sucesión de
rector de la Universidad Nacional. Dos eventos que interconectados podrían
causar algo más que dolores de cabeza a la autoridad federal.
En la
contienda electoral para obtener la mayoría en la Cámara baja, el Poder
Ejecutivo ya tiene diseñada su estrategia, ésta se basa en la
participación activa del presidente de la república para apoyar al que
llama su partido y, además, tratar de mantener alejados entre sí a los
dos partidos más fuertes de la oposición. Debido a la complejidad de
esta contienda, preferimos abordarla en próxima ocasión y hoy ocuparnos
de la sucesión universitaria.
La
Universidad, en el plano de las estrategias, no se ha quedado atrás. Los
recientes enroques en el equipo cercano al rector Juan Ramón de la Fuente
muestran que ya esta muy avanzada la segunda fase del proceso de sucesión.
Los movimientos de Alberto Pérez Blas y el doctor Jaime Martusceli, quien
pasó ocupar el lugar del primero en la coordinación de asesores del
rector, nos obligan a pensar que el proceso está en marcha y que, además,
se prevén acciones tempranas que es necesario amarrar, para evitar
sorpresas, ya que las condiciones políticas del entorno calentarán
peligrosamente el activismo, no sólo estudiantil sino académico.
El
objetivo de los movimientos descritos esta encaminado a evitar la
desestabilización de la institución. En tiempos como los que está
viviendo el país, la Universidad Nacional es campo seco donde una chispa
puede provocar incendios difíciles de controlar. Esto lo saben, los políticos
profesionales de viejo cuño, porque ellos en su momento hicieron uso de
esas tácticas para paralizar la institución, ya que así convenía a los
intereses del poder central.
El
doctor Martusceli y Pérez Blas serán útiles operadores del rector De la
Fuente debido a su sólida experiencia y a sus relaciones, uno dentro del
mundo académico y el otro en al ámbito político. Es mucho lo que está
en juego y no sería de extrañar que en el curso del proceso se
proyectara la sombra asesora de José Córdoba Montoya en algunas
acciones. Y, desde luego, en el proceso será crucial la reorganización
de los cuadros de inteligencia incrustados en las escuelas y facultades
que actualmente se encuentran reportando a
servicios de inteligencia del Estado, para mantener abiertos los
flujos de información.
Otro
aspecto muy importante que estará en juego, son las relaciones actuales
entre la Universidad y la Presidencia de la República, que no en todo
momento han sido lo cordiales que se afirma. Sin embargo, otra cosa son
las relaciones entre el presidente Fox y el rector De la Fuente, donde sí
ha habido acuerdos, la mayoría de las veces, positivos. Esto, llegado el
tiempo de definiciones fundamentales en la toma de decisiones para la
selección del rector, adquiere un peso específico bien definido, ya que,
para el futuro político del rector, es indispensable que sea reelecto y
además porque los canales
tradicionales que utilizaba el sistema político en tiempos priístas para
llegar a un consenso entre el presidente y la Junta de Gobierno están
rotos. De no reabrir esos canales y alguien de confianza los opere, se
corre el peligro de entrar en confrontación directa con el Poder
Ejecutivo, lo cual de ninguna manera le convendría a la UNAM,
especialmente si Vicente Fox logra incrustar en algunas curules de San Lázaro,
no a la gente del PAN, sino a algunos de sus amigos incondicionales que lo
siguen de tiempo atrás y si, además, el presidente gana la mayoría en
la Cámara de Diputados, entonces la Universidad Nacional comenzaría a
vivir realmente la etapa más difícil en sus 450 años de historia.
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