DIMITA
USTED, SEÑOR PRESIDENTE
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
27-01-03)
Miente
usted, señor Vicente Fox; terca, cínica y ramplonamente vuelve usted a
mentir, como es su muy deplorable costumbre. ¿Qué le hizo este país,
para que insistentemente adopte usted un modelo por sistema: el ser un
mentiroso crónico, cuya palabra de hombre, funcionario público o
caballero, no valga el papel sobre el cual se editan sus mentiras. ¿Es
que no tiene recato, vergüenza o dignidad? ¿A quién carajos le pidió
la actual Legislatura en el Congreso jurar que cumpliría la Constitución,
un malhadado primero de diciembre de hace dos años?
¿A quién
le va usted a echar la culpa de la última devaluación del peso? ¿A los
dinosaurios del pasado? ¿A los priístas facciosos? ¿A la disidencia
panista que embozada, lo rechaza llena de vergüenza? ¿A los izquierdosos
del PRD? ¿A los amigos de Labastida? ¿A los corruptos de Pemex? ¿A la
señora precandidata de Vamos Martha? O ¿a la Virgen del Tepeyac y su ayático
San Diego?
Una
devaluación de 21% del peso en lo que va de su sexenio, no habla mal de
su capacidad de presidente, al contrario, lo califica espléndidamente
como un criminal e inepto, aunque me repatee estar por esta vez de acuerdo
con el gángster que maneja el PRI. ¿Acaso no sabe usted, señor Fox que
cuando se devalúa nuestra moneda equivale a devaluar la fuerza de trabajo
de millones de mexicanos. A quienes, por la misma jornada de trabajo y la
misma productividad les pagan con un dinero que, relacionado con el de los
países poderosos, donde compramos los insumos que requiere nuestra
industria, les pagan con un dinero que vale 21% menos.
¿A qué
carajos fue usted a Davos, señor presidente? Si sabe que no cuenta con el
coeficiente intelectual para percatarse de que poco o nada tiene que hacer
allá. ¿Por qué echarle dinero bueno al malo? Hágale un favor a México:
dimita usted, mediante el recurso de pedir licencia y váyase con su excelso séquito de ineptos a mentir a
otra parte. A la Coca-Cola Co., por ejemplo. Allá estarían feliz de
recibirlo, porque ellos hacen de la mezcla entre la mentira y el optimismo
una chispa de su vida. Pero claro, no de la vida de millones de mexicanos
sumidos en el hambre y la miseria. Haga, por una vez en su vida, un acto de decencia,
para que la historia lo recuerde como un irresponsable y un inepto, pero
no como el autor de uno de los crímenes más terribles de nuestra
historia: un crimen de lesa patria contra los mexicanos.
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