PLANTEAN
JUICIO POLÍTICO A VICENTE FOX QUESADA
Por Gerardo Reyes Gómez (LD
17-02-03)
Como mastines
entrenados para matar en espectáculos sangrientos, un pequeño, pero
representativo número de juristas encabezado por el ex secretario de
Gobernación Jorge Carpizo McGregor y avalados por el ex presidente Miguel
de la Madrid, se lanzó sin mínima piedad a cercenar la yugular de
Vicente Fox Quesada. El presidente todavía no acusa recibo de los
estragos del ataque, pero si se desangra perderá las elecciones
intermedias destinadas a conformar la nueva legislatura del Congreso.
Públicamente
“los juristas”, anidados en el Instituto de Investigaciones Jurídicas
de la UNAM y jugando a políticos resentidos para recuperar status y
privilegios ante un grupo de importantes senadores, pusieron en el tapete
de la discusión política la necesidad de reformar la Carta Magna de la
nación, en el capítulo de la remoción del presidente de la república
por causas de incapacidad manifiesta. Esto fue mucho más que un gancho al
hígado o un uppercut a la quijada, especialmente cuando Fox (en ese foro
implícitamente fue calificado como inhábil mental) no se ha percatado de
lo que sucede, y está refugiado junto a las cuerdas, en una esquina
neutral del cuadrilátero. Inhábil proviene del latín inhabilis que
significa torpe desmañado, inepto, incapaz incompetente e inadecuado al
fin que se pretende.
Efectivamente
la actuación del presidente, desde que tomó posesión como tal, ha
dejado mucho que desear y hasta parecería que le da un gran gusto pasar
por encima de usos y costumbres propios del arquetipo que tienen los
mexicanos de lo que es un buen presidente. Es tanta tozudez y persistencia
de Fox en sus conductas irregulares, como por ejemplo sus peculiares
actitudes cuando viaja al extranjero, que no se dio cuenta que al
recomendarle, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que
procurara ser discreto en sus expresión oral, se molestó y, de plano,
airado rechazó la sugerencia, sin tomar en consideración que el Congreso
se hacía eco de un clamor popular, expresado por los sectores sociales a
quienes avergüenza y ofende un comportamiento tan poco ortodoxo y
francamente disoluto de su presidente.
Ante
tal respuesta los políticos de la oposición también rompieron cánones
y cometieron lo que, en tiempos aún recientes, se consideraba un
sacrilegio, plantear con mucho o poco estilo, la posibilidad real de
reemplazar al presidente de la república por vía legal. Fox aún no se
percata de la gravedad del asunto, pero si la idea prospera serán muchos
los grupos opositores que se adhirieran a la idea de deponer a un
presidente que parece todo, desde un inculto “cow boy”, mal hablado y
chocarrero, hasta un merolico de plazuela, que nada tiene qué ver con un
presidente de veras.
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