por Carlos Fuentes, donde contrargumentaba que no existía posibilidad de que Jorge G. Castañeda ni Adolfo Aguilar Zinzer fueran agentes al servicio de organismos de inteligencia extranjeros. Que bastaba ver sus antecedentes académicos e intelectuales, así como su trayectoria de luchadores de la verdad, para darse cuenta de que quien había escrito esos infundios estaba equivocado.

La respuesta de Fuentes parecía ser una coincidencia, pero como, cuando de política se trata, no creo en las coincidencias, comencé a pensar mal de ese gran novelista, quien le regaló a los mexicanos y al mundo una obra literaria de enorme talento. ¿Será, me pregunté, que como Octavio Paz, ya entrado en años, también Carlos Fuentes dio el giro para poner su prestigio al servicio del imperio?