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EDITORIAL ESCUCHA FOX Tu juego ha quedado al descubierto. Nadie puede cometer tantos errores durante tanto tiempo, como en los que se ha incurrido durante los meses que ha durado la “operación Oaxaca”. Entonces puede inferirse que tu juego es un plan con maña; encontraste la forma de sitiar a Felipe Calderón y prolongar el conflicto para tenerlo atado bajo la amenaza implícita de que podría ser él, el encargado de solucionarlo, así sea con un bestial baño de sangre. Del equipo de Calderón y de él mismo, hizo presa el terror de saberse en la posibilidad de convertirse en un feto muerto de presidente políticamente hablando, teniendo que iniciar un sexenio con la terrible carga de haberse hecho acreedor al calificativo de genocida. Hasta ahora Calderón ha tenido la esperanza de que seas tú quien te veas obligado a solucionar el problema que Ramón Muñoz y tú dejaron crecer irresponsablemente con toda mala fe a dimensiones históricas, Tu falta de espíritu republicano y sensibilidad política te impidieron darte cuenta que un presidente saliente debe claudicar y desaparecer a tiempo del escenario político, para permitir al entrante comenzar a brillar y, al término de tu administración, pudiera contar con la legitimidad y esplendor indispensable para transitar por la primera etapa de su gestión. Eso para ti, fue imposible entenderlo. Machacona e insistentemente te has negado a dejar el poder, logrando debilitar sensiblemente al candidato que te impusieron y te faltaron tamaños para, en su momento, haberlo vetado, sin poner en peligro la estabilidad y la paz del país. Ahora estas pagando tu veleidosa e irresponsable actitud. Cualquier asesor, de mil pesos la hora, hubiera podido enseñarte el a,b,c, de la política presidencial en tiempos de transferencia del poder. Así que no te hagas, que no te queda. Escucha Fox, nunca saques de la funda tu pistola, si no la vas a usar. En el caso de Oaxaca eso, más que un amago, es una valentonada estúpida No insultes la dignidad de un hombre uniformado y menos si porta un águila en el kepí. Con las jerarquías no se juega. No puedes poner a un general a las órdenes de un almirante mil usos vestido de azul, a quien encargaste la coordinación de acciones de lucha en tierra firme y montañosa, como la de Oaxaca. Así no solo ofendes a un secretario de Estado, ofendiéndote a ti mismo, sino también ofendes a la institución que ambos encabezan. Escucha bien Fox, si no tienes razón, no puedes acusar a alguien de insubordinación, cuando no se negó a cumplir una orden, sino que te la pidió como marca el reglamento, pero aún así, es mucho más grave azuzar a tus perros del micrófono para intentar destrozar, como si fuera un fiambre o pieza de carroña, a un líder formal de las fuerzas armadas. Y, finalmente, léeme bien Fox, si me dirijo a ti en estos términos es porque después de casi seis años de tus deleznables acciones como: el haber degradado la institución Presidencial (con la Presidencia bicéfala), al Instituto Federal Electoral (obligándolo a cometer un fraude prefabricado) a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (con tus exitosas demandas de sumisión) y a otras varias instituciones claves en un Estado de Derecho; por todo ello, lo siento mucho, pero no puedo tratarte de “usted”, de “don Vicente” y, mucho menos, de “señor presidente”; no te lo mereces. Gerardo Reyes Gómez 16 de octubre de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL No existe un buen político sin suerte y es el caso del rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, quien ante la expectativa no muy halagüeña para la UNAM, del arribo de Felipe Calderón a la Presidencia de la República, de pronto recibe la Gran Casa de Estudios un bien merecido reconocimiento de nivel internacional al ser calificada como la mejor universidad de habla hispana en el mundo y, además, en el lugar número 74 del total de todas las universidades del orbe, calificación otorgada por el diario británico The Times. Debe mencionarse con toda justicia que en este caso, la suerte fue inducida, no fue una gracia caída del cielo, sino el resultado de un esfuerzo académico sobre humano desarrollado durante los últimos años en puntos tan específicos como los macro proyectos de investigación que fueron producto de un ambicioso diseño en el que participaron en forma coordinada los elementos más distinguidos de los cuerpos colegiados universitarios. Ahora que, en la práctica, la distinción cayó como anillo al dedo, porque la situación política que enfrenta el país ante los resabios de un proceso electoral en extremo conflictivo, ha propiciado peligrosos deterioros en el tejido social y una importante merma en la credibilidad, con la consiguiente pérdida de confianza en muchas de las instituciones políticas, sociales y económicas del país. Por ello es bien recibida la noticia, como una bocanada de aire puro y fresco que hincha los pulmones de la comunidad de la inteligencia nacional. Hay alarma ante inquietantes rumores que pululan entre la sociedad política en relación a la expectativa de marcha de un complot, originado otra vez, entre los miembros la derecha gobernante. Esta vez no va dirigido a entorpecer el asenso al poder político sino, más bien, para propiciar un cambio y sustituir a quien se espera tome la estafeta de la Presidencia. Y, claro está, no está dirigido a favorecer a las corrientes de la izquierda, sino para dirimir profundas discrepancias entre los proyectos políticos y las ambiciones de las corrientes de derecha. En ese clima de peligrosa inestabilidad, la UNAM y su rector ofrecen una prueba de madurez y reconocimiento al trabajo y al esfuerzo que deja claro que las instituciones públicas de nivel superior, si se las dota de los recursos necesarios, no han dejado de ser una respuesta idónea para enfrentar problemas estructurales del universo educativo en México. Y si el candidato electo no pudo estudiar su carrera de Derecho en la UNAM, no fue porque fuera rechazado o por carencia de conocimientos, sino que políticas de desconcentración universitaria, a favor de las universidades estatales, propiciaron restricciones a la matricula. Y finalmente, la Escuela Libre de Derecho, por lo que vemos, no fue una mala opción.
Gerardo Reyes Gómez 9 de octubre de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL El mundo está en guerra. Existe una ebullición descontrolada de conflictos bélicos en todo el planeta Tierra. Para demostrar nuestras afirmaciones no necesitamos mencionar la cantidad de proyectiles que se disparan día con día, o contar los cadáveres de las víctimas de la violencia. El mundo apesta a muerte; la política apesta a corrupción, la diplomacia huele a complot y la economía mundial no puede contener sus efluvios de podrido. Quizá solo se salvan precariamente, la juventud y la niñez. En ese marco contextual deshumanizado pocas cosas logran pillarnos por sorpresa. Ahora, el hombre medio del siglo XXI, es radicalmente diferente del hombre relativamente ingenuo de los siglos IXX y XX, con al menos una capacidad diferente: hoy está mucho mejor informado que en el pasado, la revolución de la comunicación es el signo fundamental de los nuevos tiempos. Si Harry S. Truman fue un asesino a quien no le importó inmolar a cientos de miles de seres inocentes o Nixon fue un político procaz, y Clinton el presidente más descaradamente erótico ¿a quién se le haría raro contar, en EE. UU., con un presidente medio idiota, pero completamente perverso? Eso ya dejó de ser noticia tiempo atrás. Sin embargo, los modelos mentales de los grupos sociales tardan un poco en ajustarse a la nueva realidad. Todavía nos es difícil aceptar el cinismo que nos impone la modernidad. Para ejemplificar un caso de actualidad, mencionaremos que en estos días se da una discusión en los órganos de poder comunitarios de la Unión Europea, sobre el papel que jugó un numeroso grupo de observadores de la Comisión de Exteriores del Parlamento Europeo que vinieron a evaluar las últimas elecciones presidenciales en México el pasado julio. Las conclusiones de un eurodiputado alemán de nombre Tobias Pflueger no dejan lugar a dudas: el papel de quien encabezó dicha comisión de observación en México, el eurodiputado español José Ignacio Salafranca, no fue imparcial y mucho menos neutral; el no se equivocó en sus apreciaciones, él vino mentir con toda mala fe. El daño político a los mexicanos, provocado por la comisión del Parlamento de la Comunidad Europea, es a todas luces inmenso, porque en gran medida legitimó una elección de Estado fraudulenta y que ha servido para dividir a la ciudadanía. Asimismo sirvió a los intereses del imperio estadounidense y, gracias a eso, ahora podemos explicarnos la trayectoria política del español Javier Solana, el alto funcionario de la Unión Europea, quien se permitió mover sus fichas en el tablero de ajedrez de la política mexicana con resultados adversos para nuestro país y claramente favorables para la ideología de derecha que él profesa. Solana ha hecho de la diplomacia su modus vivendi y hace de su subordinación al imperio, su modus oprandi. Lo anterior, por decir lo menos, es un hecho muy lamentable ya que una intervención tan importante del Parlamento Europeo para observar nuestro proceso electoral ha servido para ganarle desprestigio y desconfianza a los órganos de toma de decisiones comunitarias de la UE. Esa es una opinión generalizada, no solo en los grupos pensantes de la izquierda mexicanos, sino también en gran parte de la sociedad civil. ¡Vaya papelazo del Parlamento que cerró filas con la imposición estadounidense y dejó ver la pobreza de la autonomía de la UE.
Gerardo Reyes Gómez 2 de octubre de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL QUÉ POCA M… EMORIA ¿De veras se le olvidó al ex presidente George W. Bush, miembro fundador del Grupo Carlyle que fue en el seno de Consejo de Administración de esa corporación financiera que se tomó la decisión de apoyar, para llevar a la Presidencia de México, a Vicente Fox Quesada? ¿Acaso no tiene memoria la clase gobernante de EE. UU. de la violencia que había en México hace solo seis años y cómo se ha incrementado en este último periodo? Entonces debemos reconocer, si existe un gramo de inteligencia y equidad en el análisis del fenómeno de la violencia, deberían darse cuenta que este problema es un fenómeno compartido. Ellos sentaron a Fox en la silla de la Presidencia de México, a sabiendas de las posibles consecuencias. Luego entonces, ni finjan demencia, ni se hagan los occisos. En México, como en otros países, la delincuencia organizada es un filón riquísimo que se explota con la venia y la bendición del imperio. A la vista de todo el mundo puede observarse el incremento de los fabulosos negocios que genera, bajo la protección institucional del poder político. Ahora, en México somos mucho más corruptos y violentos que en cualquier punto histórico del trayecto del priísmo. Si alguien lo duda, basta echarle lápiz a los números y a los ingresos de los poderosos. Acaso alguien cree que es fácil tener el grupo más selecto de los multimillonarios de América Latina, arropándolos en nuestro país, si el imperio no les brinda las condiciones para la operación de las más exitosas lavanderías y el tránsito de narcóticos y armas que tienen horrorizados a los pequeños cuerpos policíacos de estados como Michoacán y Guerrero que, ante la abierta amenaza de ser asesinados, mejor renuncian en masa, porque no cuentan con armamento equiparable al del hampa y la tecnología de que hacen gala los cuerpos delictivos profesionales en esas entidades. Hagamos conciencia que el desbocamiento de la violencia y la delincuencia nos llegó con la globalización, de eso no existe duda, pero también que es uno de los signos modernos del “progreso”. Para nosotros son productos de importación que nos llegan de los países más avanzados y, claro, sin nuestra complacencia, sino más bien nos son impuestos por los poderosos con lujo de fuerza sin tomarnos parecer, ni esperar consensos. Las naciones pobres más bien somos testigos de una globalización de los aspectos sociales más negativos que aquejan a los países ricos. Lo peligroso es que no nos permiten crear barreras para defendernos de esas pandemias sociales, que no solo amenazan y que nos tienen a la defensiva sin dejarnos una salida o solución para nuestra supervivencia. Así que no se quejen señores Bush y Garza, que la violencia y la delincuencia organizada que ustedes exportan, a nosotros nos aniquila y es otro renglón más de desesperación social que confiamos, muy pronto explotará para llenarles el rostro con sus propias eses.
Gerardo Reyes Gómez 25 de septiembre de 2006.
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EDITORIAL LA UNAM ESTÁ EN CAPILLA Se ve y se siente, en el ambiente de confrontación política y social, producto de un proceso electoral plagado de irregularidades institucionales, las cuales han inducido a pensar a la mayoría de los ciudadanos mexicanos en un fraude electoral de dimensiones colosales, que los aires que soplan sobre la imagen del presidente electo son los de la ilegitimidad, falta de seguridad, de certeza y desconfianza. No en balde, quieran que no, tenemos dos gobiernos. La comunidad universitaria se siente amenazada y como aquella vieja prueba que debían pasar los candidatos a presentar el examen de grado en la capilla de la vetusta Universidad de Salamanca del siglo XVI, un lugar lúgubre e inhóspito donde pasaban la noche dedicados a la reflexión y recogimiento, así diversos sectores de la comunidad sienten no tenerlas todas consigo, frente a las expectativas a futuro que proyecta quien fuera el candidato de la derecha. Aunque la UNAM no deja de ser una variada y rica amalgama donde se encuentran representadas todas las corrientes ideológicas y confluyen grupos de interés de signos plurales en sus preferencias y adhesiones políticas, su común denominador puede afirmarse, estriba en que esos matices son cribados por el razonamiento en la gran mayoría de los casos. Mal haría la UNAM si no fuera de esta manera y desdeñara el peso de la razón y del análisis, además de adoptar una metodología científica sobre la cual apoyar y dar solidez a sus argumentaciones. Lo malo es que, para llamar pan al pan y vino al vino, los resultados del reciente proceso electoral no dejan lugar a dudas: como diría William Shakespeare; “algo huele mal en Dinamarca”. Y si eso siente y piensa la UNAM eso proyecta hacia el exterior, lo que la hace vulnerable porque una actitud que nace de la convicción interna, debe enfrentar la versión oficial del grupo que detenta el poder político de la república. En la práctica el enfrentamiento ideológico se encamina, a través de una vía de colisión al choque que más tarde o más temprano se presentará si no se encuentran vías de solución a la problemática. Claro que el gobierno federal puede ignorar el conflicto y el peligro potencial que representa y hacer como que la UNAM no existe, pero en modo alguno está resolviendo el problema. En la última y muy reciente junta de la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Ecuación Superior) a la que asistió el flamante presidente electo Felipe Calderón, fue muy evidente la ausencia del rector Juan Ramón de la Fuente, líder nato de la UNAM, aunque fue enviado en su representación, el doctor Jaime Martuscelli a quien, como es natural, no se le dimensionó con justeza. En los usos y costumbres de nuestra cotidiana simbología política, encuentros y desencuentros son ricos en significados, siempre dicen o dejan de decir algo. Y bien haría la UNAM en cerrar filas y vestir sus mejores galas intelectuales, aceitar su pequeño pero eficiente aparto de inteligencia, y diseñar estrategias de salvaguarda, porque instituciones como el ITAM, la Universidad Anáhuac o la Universidad Iberoamericana, conforme al modelo vigente que proyecta el Estado, llevan considerable ventaja en las preferencias de la nueva elite política. Menos mal que, aunque incipiente, ha nacido la Presidencia bicéfala.
Gerardo Reyes Gómez 18 de septiembre de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL RED DE COMPLICIDADES EUROPEAS Entre las implicaciones producto de las declaraciones de George W. Bush sobre las cárceles clandestinas de la CIA en diversos países de la Comunidad Europea (CE) se encuentra la red de jefes de Estado de al menos quince países europeos que permitieron que la famosa agencia de inteligencia estadounidense estableciera prisiones secretas en sus territorios, las cuales administra el país de las barras y las estrellas. ¿En cuántos de esos países sus legislaciones permiten cárceles extraterritoriales? Que nosotros sepamos en ¡ninguno! ¡Vamos! Que eso lo lleven a cabo países como el Reino Unido, que ha sido calificado eufemísticamente, como el “Portaviones estadounidense Britannia”, anclado permanentemente en las costas del Continente Europeo, tiene sentido histórico, debido al nivel de dependencia económico y político de Tony Blair o, también, en España donde el partido de Aznar logró un nivel de acercamiento entre esos países que eróticamente podría calificarse de indecoroso o, acaso en la misma Italia de Berlusconi, volcada hacia la derecha ideológica. Pero sería interesante conocer, cuando George Bush se decida a decir toda la verdad, si países como Alemania o Francia entraron por la puerta grande a la Red Comunitaria de los Diez y siete Cómplices”. Por lo pronto los jefes de Estado que permitieron fundar en sus territorios las cárceles de interrogatorio y tortura, para miembros de la religión islámica y sus simpatizantes, ya sabían que los EE. UU. tienen también sus propias instalaciones militares en la Isla de Cuba, la base naval carcelaria de Guantánamo. Pero como la estadía de sus huéspedes se volvió incomoda debido a la presión social estadounidense, entonces volvieron sus ojos hacia sus verdaderos amigos, que ahora ya no hayan como salir de la ratonera y ni siquiera saben si por esos actos ilegales de lesa humanidad, podrían ser procesados en sus propios países. ¿Quién administra la justicia a los prisioneros en Guantánamo? El Ejército de EE. UU. Y a los civiles ¿quién? Pues el mismo aparato de justicia. ¿Tienen ellos, los EE- UU., la postestad de calificar o identificar a sus enemigos como soldados, esto es, como militares de un ejército nacional extranjero, aunque hayan sido secuestrados en el Medio Oriente, en Timor Oriental, Samarcanda, o en el centro de Europa y cualquier otro país del mundo? Y ¿para qué sirven las leyes, sean nacionales o internacionales? ¿Para que las violen la CIA y las redes de funcionarios europeos cómplices que, de alguna manera han sido corrompidos por los servicios de inteligencia estadounidenses?
Gerardo Reyes Gómez 11 de septiembre de 2006.
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EDITORIAL EL EJÉRCITO DE TERCIOPELO Pocos han observado cómo el presidente repudiado Vicente Fox ha ido destruyendo metódica y sistemáticamente las instituciones en México. Para cualquier testigo, regularmente avezado resultó obvio cómo el jefe del Ejecutivo utilizó al Estado Mayor Presidencial (EMP) como arma de provocación política durante su frustrado intento de presentar su Sexto Informe de Gobierno. Con el pretexto de brindar seguridad a los miembros del Congreso de la Unión y a sus invitados y bajo la mascarada de que fue el presidente de la Cámara quien solicitó la protección del EMP, Fox soltó a su fuerza de guaruras para, en uno de sus escenarios, montar una provocación que, de haber caído la oposición en ella, habría provocado decenas de víctimas entre muertos y heridos, cuando cualquier marcha de manifestantes se hubiera atrevido a intentar romper el cerco militar con que fueron sitiadas las instalaciones del Palacio Legislativo de San Lázaro. Más que soldados uniformados, con gallardía, prestancia y dignidad, los del EMP se aparecieron por cientos, vestidos de civil, sin gafete alguno que los identificara como parte de la autoridad, los milites de terciopelo ocultaban su condición, su propósito y su misión. En la llamada Casa del Pueblo, los legisladores, especialmente los de oposición fueron hostilizados, provocados, ninguneados y muchos ofendidos, empujados y vejados, sin que faltara alguno golpeado por la fuerza de los intolerantes canes de la jauría, con apariencia de guardias de seguridad privada. Dentro del Salón de Sesiones del Congreso los altos mandos de las fuerzas armadas esperaban la llegada de su comandante en jefe, quien si bien había previsto la humillación a que podría ser sometido, en su momento, no tuvo empacho para hacerse acreedor de un bien merecido rechazo por sus actitudes facciosas, antidemocráticas y prepotentes. Solo que la bofetada que le dieron a Vicente Fox, también se la dieron al jefe del Ejército y la Armada, porque él es su jefe nato. Y si a Fox no le importó, exponerse como individuo y pelele de la utraderecha, sí le faltó hombría para deslindar y proteger a los cuerpos castrenses y, de alguna manera, ponerlos a salvo de lo que para ellos será el más negro y vergonzante de los episodios del sexenio. El “Ejército de Terciopelo”, generalmente llamado así por las actividades que desempeña el EMP, las cuales van de la protección personal del presidente y su familia, hasta la de guaruras-espías de los miembros del Gabinete Presidencial, a veces de choferes, y “valets” y hasta de objetos sexuales de primeras damas y desviados de la elite política, esta vez ha sabido cumplir con las más exigentes tradiciones de servilismo institucional. El día en que debió ser leído el pasado Informe Presidencial en San Lázaro, no se les observó el más mínimo gesto de solidaridad y respeto y, mucho menos, simpatía con la gente del pueblo o con sus justas demandas y protestas. Se había convertido en una maquinaria fría, insensible, de férrea disciplina para apoyar al poder formal que se tornó ilegítimo y evidentemente repudiado, como resultado de un mega fraude que, hay que dejarlo claro, a todos nos avergüenza, menos a ellos.
Gerardo Reyes Gómez 4 de septiembre de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL DESDE CUBA, CON AMOR Un James Bond caribeño de los servicios de inteligencia cubanos, discreto y muy eficiente, logró acercarse subrepticiamente a Carmen Aristegui, la famosa comunicadora y conductora del noticiario de mayor credibilidad de “W Radio” y entregar, vía interpósita persona, lo que nadie sospechaba que era una bomba noticiosa de alta explosividad, en forma de un video. Después de que la periodista Aristegui vio y escuchó el mensaje, para cerciorarse de su autenticidad y, sobre todo, que no contuviera ningún elemento que atentara contra la Ley de Vías Generales de Comunicación, entró en un estado de gran exitación, a pesar de su gran experiencia sabía que el mensaje estaba manufacturado con trinito-tolueno puro, eso era lo que ella justamente olió en el ambiente. Ya en la cabina de “W Radio” en los momentos previos al principio del la transmisión periódica del pasado viernes, el ambiente en el interior era tan denso, que podía cortarse con una hoja de afeitar. Y ¡zaz! A la señal de una luz activada desde la cabina de control, el mensaje salió al aire, abriéndose un espacio en el espectro entre miles de otros mensajes de las radiodifusoras. Mientras el jefe de la estación de la CIA en México se acordonaba los zapatos, y recordaba la odisea que significaba transitar en la ciudad capital de los antiguos aztecas, a él le bullía en la cabeza, aquello de “Thanks God, is fridey”. Cuando repiqueteó el teléfono para avisarle, desde el último piso de la embajada en Paseo de la Reforma, que estaban monitoreando una transmisión que denunciaba el complot que el gobierno federal mexicano había llevado a cabo para sacar de la carrera presidencial a Andrés Manuel López Obrador. Lo que desnudaba, más que al socio incómodo de papá Bush en México, Carlos Salinas de Gortari, al socio idiota de Bush Jr. en México, Vicente Fox. Aristegui, sin proponérselo había literalmente agarrado a los de la CIA, con los pantalones abajo. Ahora que, desde su lecho de convaleciente en la isla hermana, Fidel Castro celebró con una sonrisa la transmisión de “W. Radio”, quizá debido a los resabios que le dejó el más penoso de los incidentes diplomáticos de la Presidencia de la República de México, cuando atendiendo a una invitación de México, el comandante Fidel visitó Monterrey a principios del sexenio foxista y se llevó la sorpresa de que luego le llamaron para desinvitarlo diciéndole Fox: “comes y te vas”. Ni la estación de la CIA, ni la Secretaría de Comunicaciones, que monitorean para la Secretaría de Gobernación todas las transmisiones de las estaciones de radio del espectro radiofónico se atrevieron ese viernes a sacar del aire la frecuencia de “W. Radio” con el mensaje filmado y grabado de Carlos Ahumada y hasta el último grano de dinamita del el complot contra López Obrador les estalló en la cara a Vicente Fox, al sucio “Jefe Diego” al ex hombrecito de Gobernación, Santiago Creel y a Eduardo Medina Mora, el ex del Cisen. La pregunta es: ¿por qué Ya por la noche del mismo viernes se retransmitió por televisión el video completo de Carlos Ahumada Kurtz, de 12 minutos de duración, en la cadena televisiva CNNE, la cual trabaja bajo los auspicios del Pentágono. Así que los promotores y protectores de Felipillo Calderón, ahora pueden verse bajo una más justa dimensión y otra vez, surge la sospecha ¿será fuego amigo o, solamente fuego azul? Pero de que quemó, pues sí, quemó.
Gerardo Reyes Gómez 21 de agosto de 2006.
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EDITORIAL Nadie ha reparado en el fiasco internacional que vivió México durante su proceso electoral; me refiero a las numerosas comisiones de observadores internacionales, que vinieron en forma oficial, a nuestro país a servir de avales de un proceso que encontraron limpio, claro y transparente. Y desde entonces, vivimos una debacle política que esos observadores enviados, supuestamente de buena fe por diversos países no pudieron ver, fuera por incapacidad, por colusión con una de las partes interesadas en distorsionar la realidad, o, en el más inocente de los casos porque vinieron gozar de las mieles del turista que les proporcionaron los obsequiosos anfitriones oficiales. Cualquiera que sea el caso, finalmente los “observadores” y quienes los enviaron, hicieron el más grande ridículo de su vida. Debemos tomar en cuenta que estuvieron involucrados personajes que considerábamos serios y responsables, como José Luis Rodríguez Zapatero, el jefe del gobierno español y otros no tan serios, sino más bien delincuentes internacionales como George W. Bush Jr. y todos resultaron la misma cosa. Oh, Madre Patria, volviste a quedar mal con México, uno de tus hijos. El caso es que los observadores, fallidamente pretendieron avalar con sus favorables opiniones oficiales y su presencia in situ, un fraude electoral de colosales dimensiones, mismo que las autoridades mexicanas del Ejecutivo Federal, como del Legislativo y no se diga del Poder Judicial, no han reconocido, ni reconocerán porque así estuvo diseñado el operativo de complicidad institucional promovido por el imperio y sus representantes locales. Lo cierto es que después de la visita de los observadores enviados por: la Unión Europea, los EE. UU. de Norteamérica, y otros varios países, en forma individual, nuestras instituciones electorales quedaron en estado de desastre total de legitimidad credibilidad y confianza. Y los observadores fueron totalmente incapaces de ver los rastros mínimos de un fraude electoral cometido por profesionales del truqueo cibernético (profesionales que curiosamente resultaron parientes del candidato oficial que resultó “vencedor”). ¿A qué vinieron los observadores?: ¿A pasear? ¿A cumplir una consigna? ¿A confundir al enemigo? ¿A hacer el ridículo? ¿O a quedar bien con los poderosos? Cosas vederes, Maquiavelli ciberneticus.
Gerardo Reyes Gómez 14 de agosto de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Podríamos asegurar que ni el profeta Mahoma, desde la Meca, ni el Dios que reveló la Torá en el Monte Sinaí, hubieran podido imaginar nunca la mortandad que sería causada por sus seguidores en el siglo XXI. Con una saña inaudita los dos bandos se despedazan como si ese fuera el único objetivo que los trajo al mundo. Cada una de las fuerzas han incubado un odio que juran no se acabará hasta que desaparezcan del planeta a sus adversarios. Pareciera que la humanidad no hubiera acumulado más de veinte siglos de civilización. Continuamos viviendo en la barbarie que producen los antagonismos religiosos enquistados como un cáncer en el seno de esas culturas. Como si no fueran personas de carne y hueso quienes como racimos pierden la vida en cada cruel acción de guerra. Y muchas de ellas son totalmente inocentes de esa incontrolada y violentísima agresión. Para estas alturas del conflicto ni ellos saben a ciencia cierta cómo alcanzó la agresión la virulencia que exhibe y quienes se están aprovechando de ella, lo grave del asunto es que están en vías de internacionalizar las bélicas acciones para cubrir otros horizontes. En México, recientemente veíamos algo muy fuera de lo común, un embajador, el de Israel, despotricando en contra de un grupo de intelectuales mexicanos que se habían manifestado públicamente por el cese de las hostilidades que afectaban a Líbano y que a la fecha han producido más de seiscientos muertos civiles, por parte del ejército israelí. Y su reclamo fundamental conducía a que esos mismos intelectuales no se habían manifestado para denunciar la muerte de israelíes civiles, producidas por actos terroristas del Hesbolá. Un enfrentamiento entre una organización terrorista asentada en Líbano, haciendo daño mortal a civiles israelitas, y una fuerza profesional militar ocupándose de masacrar a civiles, con todo su enorme poderío y, además, con los recursos tecnológicos armamentistas que les ofrecen (¿a cambio de nada?) los EE. UU. Esto como era de esperarse soliviantó el ánimo de las comunidades libanesa e israelí en México. La tirantez entre estos dos importantes grupos sociales afloró en la serie de acciones puestas en práctica por esas comunidades: unas para manifestar solidaridad humanitaria con sus víctimas y su país de origen y otras de repudio y rechazo a quienes ven también, como enemigos. México no necesita alimentarse de conflictos externos para agravar la situación que, con sus injustas políticas geopolíticas depredatorias, genera el imperio. Como tampoco nos hacen bien las divisiones internas en comunidades tan importantes como la libanesa e israelita. Por desgracia México carece este sexenio de proyecto de política exterior y ese renglón, como algunos otros los dirige el Departamento de Estado, representado en México por gente improvisada e incapaz de defender los intereses integrales de los mexicanos.
Gerardo Reyes Gómez 7 de agosto de 2006.
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EDITORIAL México ha comenzado a vivir un cambio de paradigma. En nuestro país el poder tiene un nuevo rostro donde se conjugan el poder político y el económico, producto de una colusión indivisible. Comenzó a desaparecer el idealismo romántico para dar paso al pragmatismo galopante. Así como la mayoría de los estados-nación han ido aceptando la concepción geopolítica del imperio y el concepto de soberanía restringida se ha abierto paso a fuerza de demoledores golpes fácticos, así en México está por terminar de dirimirse el cambio de modelo paradigmático. La confusión de poderes, de los medios de comunicación electrónicos y el tradicional de Los Pinos, ha dado lugar a un nuevo engendro que provoca, en principio, rechazo y nos mueve a pensar en una cada vez más descarada corrupción. Pero ese es el signo inequívoco de los nuevos tiempos. Si bien el modelo que nos ocupa en México es nuevo, en otras latitudes al norte de nuestra frontera, funciona desde hace muchas décadas. El proceso de asimilación del país al Comando Norte del imperio, ha sido lento pero seguro y todas las instituciones reclaman su participación en el proceso, desde la Iglesia y la Armada de México, hasta esa nueva transnacional informal, pero no por eso menos poderosa, conocida como delincuencia internacional organizada, que ha cobrado en los que va del sexenio en nuestro país miles de víctimas. Esa que, al igual que Televisa, reclamó y fue escuchada, para estar bien representada en los órganos del Congreso de la Unión. Los nuevos equilibrios de las fuentes de poder corresponden al modelo que importamos y están avaladas directamente por fuentes como el Pentágono y el Departamento de Estado. Por ello, las instituciones pretendidamente democráticas, que dicen que nos dimos para garantizar nuestra siempre incipiente democracia, como el IFE o el Tribunal Federal Electoral, están hechas un desastre; destruidas o deslegitimadas. Y no se diga otras instituciones formales, como la Presidencia de la República y los poderes Legislativo y Judicial, donde la situación es tan patética que mueve a rabia. Todavía es pronto para medir la reacción de un grupo social como el mexicano, ante el atentado en contra del Estado, pero si esto termina por hacernos funcionar la inteligencia podremos observar que estamos inmersos en una guerra cruenta y despiadada que tiene su eje central en el manejo de la información y las comunicaciones. Si no rescatamos nuestro derecho a la utilización de las mismas armas, seremos, como hasta ahora, sujetos propicios a la derrota. Detrás de esto existe todo un horizonte digno de ser explotado, ya que se trata nada más y nada menos que de nuestra supervivencia.
Gerardo Reyes Gómez 31 de julio de 2006.
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EDITORIAL UNA LUCHA TERRIBLEMENTE DESIGUAL ¿Alguien duda de que si el candidato Andrés Manuel López Obrador hubiera viajado a Washington o Nueva York, antes de haber iniciado su campaña y se hubiera comprometido con las autoridades políticas y financieras de EE. UU. a entregar lo que nos resta de nuestros recursos petroleros, le habrían declarado triunfador en los pasados comicios electorales? Entonces la sociedad pensante mexicana tiene conciencia de que éste, y no el otro, fue el candidato que no se dobló, que no inclinó la cerviz ante la desmesurada demanda de los lideres del imperio. Siendo como es, el tabasqueño López Obrador, con todos sus errores, defectos y su temperamento arrebatado, él se mantuvo incólume en defensa de sus principios protegiendo, ante todo tipo de amenazas, los derechos de los mexicanos. El otro, el candidato del Consejo Coordinador Empresarial, les dio a los EE. UU. lo que le pidieron y ahora con justa razón, lo están arropando y protegiendo para llevarlo hasta la silla presidencial de Los Pinos, así sea con un golpe fascista. Solamente que el mexicano de hoy es diferente al mexicano de 1988. Ya sabe quién es quien y qué persigue. Un mexicano politizado y escéptico, mejor informado y cada vez más consciente de su papel en México y en el mundo. Un mexicano atosigado por la distancia entre la pobreza y la riqueza de nuestra sociedad, con un subdesarrollo económico y cultural rampante, que ha impuesto premeditadamente el imperio a las naciones dominadas por su influencia para usufructuar y asegurar su sujeción. Los EE. UU., con descaro inaudito han destinado, desde el Capitolio, 80 millones de dólares para promover a las fuerzas disidentes de la hermana República de Cuba, en un más que claro acto intervencionista y de injerencia política. ¿Cuánto no estarán invirtiendo en México, para promover mantener el statu quo. Recordemos que por haber investigado cuánto invierte el Departamento de Estado en México, a través de la CIA y sus organizaciones pantalla de defensa de Derechos Humanos, el diputado Luis Sánchez Aguilar perdió la vida en la Autopista del Sol, en un operativo encubierto ordenado por el Ejecutivo estadounidense a la CIA. Las fuerzas a las que se enfrenta el candidato del sol azteca son tan enormes, que si no se encuentran vías alternas, creativas y originales podría ser aplastado e incluso ejecutado como Luis Donaldo Colosio, Salvador Allende o cualquier otro de las decenas que inmolado el imperio para imponer a sangre y fuego su hegemonía.
Gerardo Reyes Gómez 24 de julio de 2006
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EDITORIAL En los inicios del siglo XXI las naciones el mundo viven una de sus más graves crisis de justicia y falta de ética internacional. La ONU, con su Consejo de Seguridad, el que equivale a la cereza de ese pastel, muestra al planeta, con sus parciales posiciones, un cúmulo de iniquidades que institucionaliza la injusticia y la hace ver como realmente es: un organismo anacrónico y obsoleto. La actual escalada de violencia en el Medio Oriente y el ataque israelí a Líbano, es apenas un paso más en la dirección de la nueva barbarie de la guerra entre las naciones. El más fútil de los pretextos sirve para poner al mundo en pie de guerra, alineando los intereses petroleros de los poderosos, en contra de los países débiles, porque nadie puede negar que detrás de las bélicas ambiciones de las potencias mundiales existe la intención de conquistar los yacimientos energéticos que poseen las naciones árabes. Israel tomó como pretexto, para encender la mecha del conflicto, el secuestro de un soldado, y en aras de la vida de un soldado israelí, ha matado, asesinado o inmolado a decenas, si no cientos, de palestinos de todas las edades y derruido a sectores completos de ciudades como Gaza. No existe ninguna proporción o equivalencia, entre el daño sufrido por Israel y el propinado a los palestinos. En un lenguaje sencillo podríamos utilizar una metáfora para explicar la desproporción de lo que sucede. Es como salir a matar conejos con una ametralladora calibre cincuenta desde un tanque de guerra. Y el Consejo de Seguridad de la ONU lo permite, porque se impone la voluntad de los miembros más poderosos con capacidad de veto. No obstante eso no es lo más grave. El argumento más digno de cuestionarse, esgrimido por los EE. UU. para defender irracionalmente la conducta de Israel, es el que dio el presidente George Bush durante su última visita a la Unión Europea: “Israel tiene derecho a defenderse”. El mundo lo escuchó impávido y se tragó la patraña. Y por qué no le argumenta Bush a esas docenas de niños, mujeres y ancianos que en Gaza o en el Líbano que perdieron la vida, envueltos en dolor y desesperación, y que murieron porque un grupo de terroristas secuestraron a un soldado israelí, quien tiene el mismo derecho, como el de ellos, a permanecer vivos y, sin embargo, fueron sacrificados por otros soldados que atacaron arteramente a la población civil islámica de esa región. Ya es tiempo que el mundo se replantee la necesidad de una institución como la ONU, la que para efectos prácticos de elemental justicia, dejó de ser de utilidad a las naciones miembros, por su posición parcial y clara tendencia a la injusticia. Es más, nos atreveríamos a afirmar que así como está la ONU ya no le sirve a nadie, mucho menos al mundo.
Gerardo Reyes Gómez 17 de julio de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Los imperios tienen diversas formas de manifestar su influencia sobre las naciones en su ámbito de dominio, y en México recientemente nos dimos cuenta con suficiente claridad, de la manera que ejercieron su poder para legitimar, a su conveniencia y a sus propios intereses, el resultado de la elección presidencial. Cuando aún no se habían apagado los ecos de protestas en varios puntos de nuestra geografía, y la sociedad mexicana aún vive el trauma provocado por una de las más sucias elecciones de la época moderna, lo cual tiene a cientos de miles de ciudadanos, si no a millones, en estado de shock, sonó el teléfono en el cuartel general de del candidato a la Presidencia del partido Acción Nacional, quien recientemente fue declarado ganador de la contienda electoral por el IFE, el instrumento del fraude, para ser felicitado por el jefe del Estado español José Luis Rodríguez Zapatero. Poco después el mismo día, curiosa y sospechosamente desde el Air Force No. 1, el avión presidencial de George w. Bush Jr. partió una llamada realizada por el presidente George W. Bush, para cumplir con el mismo propósito que la llamada del socialista Rodríguez Zapatero. Eso nos dio mala espina, porque no creemos en las coincidencias y en política las coincidencias, si existen deben ser tan raras y falsas como un billete de papel moneda de trece dólares. Lo que sí entendemos es que para el proyecto geopolítico del imperio, se tornó vital que ganara la Presidencia de la república en México, el hombre que representa a las corrientes latinoamericanas fundamentalistas de derecha. Si a lo anterior aunamos la llamada del el jefe de estado español y además, que en política, la mala fe es de oficio, tenemos cocinando en nuestra olla una acción prefabricada en las que el gobierno de los EE. UU. debió haber jugado un papel muy especial. Solo por coincidencia otra vez, nos llama la atención que el principal observador y jefe de la misión oficial del estudio del proceso electoral mexicano, por parte de la Unión Europea, el eurodiputado español José Ignacio Salafranca, haya calificado reiteradamente el proceso electoral mexicano como limpio, y solamente al final, cuando estaba por partir, externara algunas dudas, cuando para todo el mundo fue mucho más que evidente la participación del jefe del Poder Ejecutivo mexicano en el fraudulento operativo de Estado. Esas cosas no se dan gratis. Si existió la más mínima posibilidad de que EE. UU. influenciara a algunas naciones de la Unión Europea para legitimar a quien ellos decidieron que sería el nuevo presidente de México, seguro lo hicieron, aunque ello significara quitarle a un pueblo la esperanza de encontrar la democracia. Por ahora Fox y Bush se salieron con la suya, pero habrá otras oportunidades de reencontrar la esperanza. Gerardo Reyes Gómez 10 de julio de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL ¡SÍ, HICE EL FRAUDE Y QUÉ! A partir del próximo miércoles Vicente Fox, desde el fondo de su “war room” en Los Pinos estará en posición de lanzar un alarido de antología ¡sí, hice trampa y qué! Con ese estado de ánimo prefabricado y prepotente que supo exhibir en los mejores momentos de su administración, gritará su impunidad a una nación sorprendida, dividida y, al menos en su mitad más numerosa, más indignada que apesadumbrada. La vil estrategia de la derecha en el poder habrá tenido éxito, y Fox proclamará, en el clímax de su éxtasis, la gloria de la impunidad. Nada le es comparable al divino placer de continuar ejerciendo el poder presidencial de una nación como México. Valió la pena, la carretada de millones de dólares gastada en una campaña política que se valió de todo para imponerse y que, por momentos parecía que no alcanzaría su objetivo, pero la constancia la férrea voluntad para llegar a nadar en la ignominia, rindió sus frutos. El PAN nunca volverá ser el mismo. Para los observadores de fino olfato no pasó desapercibida la nueva sociedad, formalizada con la abyecta participación de la mayoría de los miembros del senado, y el emporio Televisa, pero esa fue la piedra angular sobre la que se remató la cúspide de su arco del triunfo. Pocos se percataron que de no haber sido por Televisa, que le cuidaba a Fox las espaldas y le maquillaba su discursos, elaborados con arraigada y brillantes estulticia, él nunca hubiera terminado su mandato constitucional. Televisa, salía al paso de la estupidez, para cribarla, matizarla, justificarla y hasta defenderla. Así con esa entrega de mujer barata, Televisa logró hacerse socia principal de la más importante empresa política de la República: la Presidencia. Si, ganarán con mil trampas, triquiñuelas y bastardías. Pero de ahora en adelante Fox no podrá dormir tranquilo, especialmente en cuanto deje la Presidencia, porque cualquier mexicano que se sienta con ánimos justicieros podrá buscar la forma de pegarle un tiro, aunque le cueste la vida, para lavar con su sangre una ofensa que no puede quedar impune por mucho tiempo. No hubo civilidad política en el proceso electoral y mucho menos respeto a la democracia, por parte de un panismo decidido a arrebatar el triunfo a como diera lugar. México fue incapaz de dar una lección al mundo de madurez política, antes bien, proyectó la “hazaña” de una cofradía fundamentalista para regresar al país a un estadio que creíamos superado por más de un siglo. México siente vergüenza, por no haberse comportado como una sociedad moderna. El atraso y la pobreza de nuestro pueblo se impusieron sobre la loca pero leal y legítima ambición de ser mejores. Habrá revancha, mascullan los jodidos. “Esto no se puede quedar así”. Gerardo Reyes Gómez 03 de julio de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL México vive la última semana de un proceso que hará historia. Culminará la fase electoral y Línea Directa ha cumplido con uno de sus objetivos fundamentales: proporcionar a sus lectores los criterios que, a nuestro leal entender, les son necesarios para ejercer su derecho de voto con responsabilidad ciudadana. Por desgracia a cinco años de haber iniciado su gestión, el gobierno panista del presidente Fox muestra, en materia política, una situación de desastre nacional. Pasarán meses antes de que se levante el inventario de daños y el recuento de tropelías económicas que han dañado tan gravemente nuestro patrimonio. Asimismo otras áreas estratégicas de la gobernación también sufrieron tan enormes daños, que pasarán lustros antes de reponerse. Zona de devastación son, por ejemplo, nuestras relaciones internacionales y la pérdida de reconocimiento y respeto entre las naciones hermanas de Latinoamérica. La grave pérdida de soberanía por haber llevado a cabo un gobierno sometido, hasta en detalles nimios, al imperio. Destruimos o dañamos seriamente, las estructuras de seguridad nacional que fueron un legado de la lucha revolucionaria de México. Éstas,malas y siempre perfectibles, le sirvieron a la República para contener los ambiciosos avances de ilegítimas intervenciones extranjeras. A pesar de los cuantiosos daños, debe reconocerse que aún existen bastiones nacionalistas e instituciones relativamente autónomas, como por ejemplo la lucha sorda y soterrada que dio el Ejército para preservar lo que aún mantiene de autónomo. No así la Armada de México, la que se volcó al servicio y designios del Pentágono. Lo que nos recuerda que: ni todos somos patriotas, ni todos somos traidores a nuestros legados y tradiciones. La UNAM, sin cerrarse al mundo, antes bien abierta al conocimiento ya la generación del mismo, ha procurado, y en la mayoría de los casos logrado, mantenerse fiel al compromiso y a la enorme deuda que tiene con la sociedad mexicana a la que debe su existencia y le da soporte. Para cuando presentemos el nuevo número de Línea Directa se habrán emitido los sufragios de millones de mexicanos. Y lo menos que podemos esperar es que se actúe con convicción, fe y esperanza en un cambio significativo en el rumbo del timón del Estado. Otro error para formar un gobierno de los empresarios para los empresarios, crearía las bases para una nueva revolución de nefastas como impredecible consecuencias. Y, como le preguntaron a Porfirio Díaz, hace casi cien años: “¿está México listo para la democracia? Esta vez nada nos haría más felices que la respuesta fuera afirmativa. Gerardo Reyes Gómez 26 de junio de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL OTRA VEZ LA ESTIRPE MALDITA Viviendo México un proceso electoral difícil, tortuoso y cada vez más violento, es imposible no referirse al último proceso de elecciones presidenciales celebrado en los EE. UU. en donde en el mismo contexto se llevó a cabo un mega fraude contra la democracia. En una larga investigación, bajo los curiosos e inquisidores ojos de escuadrones del FBI, Robert Kennedy Jr., un miembro de la élite política estadounidense, perteneciente a la estirpe maldita, aquella casta que detentó, bajo John F. Kennedy, la presidencia del imperio, quien fuera asesinado, así como otros miembros de la misma estirpe maldecida por la colusión más poderosa, la de la mafia italo-estadounidense aliada con la mafia del gran capital financiero de los EE. UU. El hijo del ex procurador “Boby” Kennedy, descubrió y probó que George W. Bush Jr. arribó a la Casa Blanca, en su segundo periodo presidencial, como producto de un fraude electoral. En el imperio sí saben hacer las cosas bien. Al igual que en México los medios de comunicación jugaron un papel determinante en el proceso y a pesar de haber muchos indicios que llamaban a pensar en fraude, periódicos tan importantes como el New York Times y el Washington Post, validaron una elección que ha sido calificada por Robert Kennedy, después de haber concluido su investigación, como la más sucia de la historia de los EE. UU. declarando: "estoy convencido de que el partido del presidente montó una campaña masiva y coordinada para subvertir la voluntad del pueblo en 2004". Si eso sucede en la autodenominada catedral de la democracia, qué puede esperar México de un proceso electoral donde el presidente Fox y sus funcionarios no han sacado un momento las manos del proceso, luchando a favor del candidato de Estado. Por fortuna el candidato del pueblo a quien le han fabricado campañas para tratar de bañarlo de deshonestidad y otras falsas acusaciones, se ha ido imponiendo hasta rebasar cualquier expectativa de sus profesionales críticos al servicio del Poder Ejecutivo y de sus socios, los señores de la Coparmex y de sus cómplices, los mega corruptos super millonarios que durante décadas han saqueado al país. Gerardo Reyes Gómez 19 de junio de 2006.
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EDITORIAL LA ESPAÑA DE ZAPATERO EN PELIGRO Línea Directa fue uno de los medios pioneros en dar a conocer a sus lectores la trasgresión de las leyes internacionales en la Unión Europea, cuando fue descubierta una red aérea utilizada por la CIA para el transporte de prisioneros acusados de actos terroristas. Individuos capturados en muy diversos países que, sin intención de llevarlos a juicio eran trasladados a cárceles de seguridad estadounidenses, donde eran interrogados y presuntamente torturados por sus captores. El procedimiento ilegal pasa por alto las legislaciones internas de los países miembros de la Comunidad Europea. Es, podríamos afirmar con contundencia, un nuevo delito internacional no tipificado porque pertenece a un nuevo orden de trasgresión del derecho: los delitos geopolíticos. Sin embargo, lo grave del asunto es que solapadamente, catorce países de la Comunidad Europea poseen nexos de complicidad abierta o disfrazada con los servicios de inteligencia del imperio, al permitirle a la CIA, utilizar al margen de sus leyes, suelos y espacios aéreos para que continúen la guerra que los EE. UU. mantiene en contra del terrorismo. Las sociedades de esos catorce países no han sido informadas de esas actividades clandestinas de la CIA, ni se les ha tomado su parecer para ver si efectivamente, las aceptan o las rechazan. Eso es grave porque esas naciones europeas están eludiendo un derecho de la sociedad, el derecho a estar informada y, en su caso, aprobar o rechazar que su país se involucre en una guerra que no es la suya. Si a la España de Aznar le costó doscientos muertos un acto terrorista en el Metro, solamente por haber apoyado y enviar fuerzas armadas a la coalición internacional comandada por los EE. UU. que atacó a Irak, entonces la España de Zapatero podría ser acusada de participar en las operaciones secretas de la CIA contra la población islámica mundial y podría hacerla víctima de ataques masivos justificados. En este, como en otros casos, el imperio se ha arrogado el derecho de exportar sus guerras a otros países sin cuidarse de hacerlo legalmente. Porque si ese fuera el caso, entonces se habrían tenido que cambiar las legislaciones de los catorce países europeos involucrados en la guerra oculta de los estadounidenses. Otra vez, la asimetría de poder militar y económico entre el potencial del imperio y el de la Comunidad Europea impone de facto sus reglas al resto de las naciones del globo terráqueo. Gerardo Reyes Gómez 12 de junio de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Dentro de poco menos de un mes los mexicanos iremos a las urnas a elegir entre los candidatos presidenciables. Y otra vez ronda la amenaza de la mega poderosa influencia de los EE. UU. en el proceso. No aprenden, se equivocaron con Fox y la nación ahora se encuentra devastada por la corrupción y la violencia. Para nadie es un secreto que las calles de un gran número de ciudades del país, de Tijuana a Cancún y de Matamoros a Acapulco, se cubrieron de sangre de narcos y miembros prominentes de la delincuencia organizada. Los penales de alta seguridad del país se encuentran rebosantes de presos y a diario se incrementan los costos de un régimen penitenciario que nunca estuvo diseñado para hacer frente al reto desbordado de un equipo gobernante de ineptos, que fracasó en todos aspectos para preservar la seguridad de la nación. Y el tráfico de drogas continúa viento en popa rebasando todos los parámetros previstos. Sin embargo, Fox no llegó por impulso propio a Los Pinos. Fue debido a una negociación entre los intereses estadounidenses y la cúpula del poder político en México. En ella participó, entre otros, Ernesto Zedillo Ponce de León para sacar al PRI del poder y abrir paso a la alternancia. Sí, Zedillo es un traidor, no solo traicionó a su partido sino a también a México, pero justo es reconocerlo; el PRI se lo merecía, México no. Ahora, ante la vecindad del día de las elecciones presidenciales, los EE. UU. se preparan a ejercer la influencia que se necesaria para llevar al poder al candidato del régimen de Vicente Fox que, si bien careció siempre de sensibilidad política, experiencia y capacidad de gobierno, a ellos les entregó casi todo lo que le pidieron abriendo las puertas a un globalismo depredador que ha saqueado nuestros bienes, que se robó nuestros recursos peroleros e hizo añicos nuestra soberanía. La anuencia para perpetrar el fraude electoral viene, como la mayoría de los males de nuestro país, del norte del Río Bravo y los beneficiarios serán una derecha miope, santurrona e hipócrita que se dice limpia y es más corrupta que todos sus antecesores juntos. Así ¿qué perspectivas puede tener el pueblo mexicano, cuando el jefe del Ejecutivo apuesta, a manos llenas de billetes, a un candidato de la ultra derecha vergonzante, comprometido a serle leal a la pareja presidencial, por sobre los intereses del país y de los ciudadanos mexicanos? Gerardo Reyes Gómez 05 de junio de 2006.
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EDITORIAL ¿AMOR SIN BARRERAS? A la cámara de senadores estadounidenses, la más conservadora de las cámaras, la movió el miedo. Un miedo que fue apabullante cuando la movilización de las organizaciones de migrantes logró manifestarse en cientos de miles, si no millones de personas en las calles de las grandes ciudades del imperio. La reforma migratoria multi condicionada que ofreció es insuficiente y hasta ruin para los inmigrantes con menos de cinco años de residencia en ese país. Recordemos que en este mundo de Fox, nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que él las mira. Para Fox, el daltónico, el pasado jueves fue “un día histórico, maravilloso”. Sin embargo, para más de cuatro millones de mexicanos que abandonaron nuestro país durante los últimos cinco años, periodo que le tocó gobernar a la presente administración federal encabezada por Fox, no hay nada que celebrar, antes bien, debemos lamentar la reforma indecorosa, inconclusa y demagógica. Por ello, y porque Fox echó las campanas al vuelo, con toda la irresponsabilidad que le caracteriza, debido a que está inmerso en la campaña política para llevar a la Presidencia de la República de México de su alfil Felipe Calderón, la reforma migratoria debe razonarse más como una imposición de la derecha estadounidense, que emana injusticia social para los mexicanos residentes en los EE. UU., que una verdadera solución integral que resuelve la candente problemática de millones de nuestros hermanos. Es cierto que el proyecto de reforma es perfectamente legal y legítimo, en pleno ejercicio de la soberanía del imperio y que nadie en su sano juicio se atrevería a cuestionar esos aspectos, pero fue tan terriblemente injusto y discriminatorio, que demuestra que la solución ofrecida fue diseñada a la medida exacta de la mentalidad de una derecha mezquina y ventajosa, dirigida a aquellos que han hecho todo su esfuerzo para engrandecer a una nación que ahora también les resulta malagradecida. La construcción de un muro de cientos de kilómetros es, en esencia, la barrera de la ignominia, la misma que estará custodiada por seis mil soldados de la Guardia Nacional y todo el personal de la Patrulla Fronteriza. Solo la simple presencia de esas instalaciones significa un obstáculo entre el imperio económico-militar del planeta y un país empobrecido a causa de las políticas económicas impuestas a México por su vecino del norte. Desde la perspectiva del poder, México debe ser utilizado solo como un colchón amortiguador de los flujos de migrantes centroamericanos y como un filtro para evitar posibles incursiones de terroristas islámicos o de cualquier otro signo que amenacen el territorio estadounidense. Sin embargo, contra lo que pregona Fox, que quede claro; México nunca será confiable como para convertirse en socio del desarrollo, sino siempre supeditado y dependiente para los propósitos geoestratégicos de los EE. UU. Gerardo Reyes Gómez 29 de mayo de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EL CIUDADANO EMILIO AZCÁRRAGA KANE El ciudadano Azcárraga, hijo de un autodenominado “soldado del PRI” y apodado “el Tigre”, se lanzó, apenas en los prolegómenos de este siglo, en pos de la gloria y del cambio de la historia. Y vaya que el resultó redituable. La llave de su éxito se llama Ley Televisa, el nombre de la empresa que le heredó su padre. Como resultado de un despiadado ejercicio de globalización, o lo que es lo mismo, de moderna apropiación financiera, el Ciudadano Azcárraga se permitió comprar a la enorme mayoría de los diputados de la actual legislatura y, poco después, a la mayoría de los miembros de la Cámara de senadores. Porque no era poco lo que estaba en juego: el cambio de modelo del ejercicio político tradicional. El Cuarto Poder, el de los medios de comunicación de masas, especialmente los electrónicos a quienes representa el ciudadano Azcárraga, pasó en la práctica, a ser el “primer poder”, desplazando y pasando por encima de la voluntad popular, que la Constitución consagra como la máxima autoridad para darse el tipo de gobierno que México requiere. Toda una fantástica hazaña del relativamente joven Azcárraga quien, por este solo hecho, se ha ganado el derecho de ser miembro de número del exclusivo club de los súper financieros de Davos, en asiento contiguo, si ese fuese su deseo, al de Bill Gates. Para cumplir su objetivo el Ciudadano Azcárraga, a través de sus agentes, manipuló, chantajeó, compró conciencias, degradó a la política y no se diga a los políticos, humilló a los candidatos presidenciales, sometió a los señores de la justicia y doblegó al jefe del Poder Ejecutivo. Fox no se hubiera arriesgado a enviar el pasado jueves, por la noche, después del horario normal de trabajo, a su lacayo en la Cámara de Senadores, la lista con los nombres propuestos para integrar la COFATEL, si no tuviera la seguridad de que sería rechazada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la controversia constitucional en contra de la Ley Televisa, interpuesta por un grupo minoritario de senadores honestos y patriotas. A diferencia de William Randolph Hearst, el magnate de la prensa de la primera mitad del siglo XX, inmortalizado en una obra maestra de la cinematografía bajo la dirección y actuación de Orson Welles, el moderno Azcárraga Kane no nació en la pobreza, sino envuelto en sábanas de seda, sucias de poder e impunidad. Al primer héroe que abre las puertas de México a la globalización, no le importa guardar las apariencias, hoy por hoy, sabe que es el hombre más poderoso de México… vamos a ver por cuánto tiempo. Gerardo Reyes Gómez 15 de mayo de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL El presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, como Vicente Fox de México, se encuentra en periodo de campaña electoral, ya que busca ser reelecto el próximo día 28 de este mes. En forma semejante al mandatario mexicano, Uribe obedece a un proyecto de gobierno de derecha auspiciado por los EE. UU. y como Fox, es más papista que el Papa. En un incontenible destello de genialidad política Uribe propuso a los senadores del Capitolio, vía el congresista estadounidense Alen Specter, presidente del Comité Judicial del Congreso, implantar, en forma subcutánea, un chip electrónico para conocer los movimientos de los colombianos que viajen a los EE. UU., donde se registrara la fecha de arribo y luego poder observar los desplazamientos de esos colombianos dentro del país del Tío Sam. Por lo que se aprecia, Uribe es un fanático de la tecnología de punta, aplicada a la seguridad y al control de las masas latinas residiendo en EE. UU. El proyecto de Uribe es perfectamente viable y congruente con los objetivos de vigilancia y control de los servicios de inteligencia del imperio, por lo que es más que posible que el presidente colombiano se haya ganado una más de sus estrellitas en la frente, agradeciéndole su cooperación en diversos campos como los son el control del tráfico de drogas, y de la divisa de billetes de color verde. En México se nos ocurre una pregunta: ¿Por qué no le preguntamos, por ejemplo, a los intelectuales colombianos, qué piensan al respecto? ¿Quién es el valiente que se atrevería a preguntarle al gran Gabo si está de acuerdo con su presidente y sus iniciativas? La previsible respuesta de Gabriel García Márquez a si acaso él permitiría que le implantaran un chip electrónico, que todavía en México se utiliza para el control de presos y mascotas, y que restringiría su privacidad para desplazarse como le diera la gana y cuando se le antojara, podemos asegurar que incluiría un recordatorio nada respetuoso para el señor Uribe y su señora madre y para la de todo aquel que intentara un atentado a su irrestricta libertad. ¿Qué pensarían los millones de habitantes latinos residiendo actualmente legal o ilegalmente en los EE. UU. si, por caso, Vicente Fox decidiera respaldar la iniciativa de Uribe? ¿Acaso no atienden los dos, así como el mismo candidato de Fox a la Presidencia de México, Felipillo Calderón, al mismo proyecto político de derecha, uno en Colombia y los otros en México? ¿Con estos “amigos” de Colombia y México, para qué quieren enemigos los migrantes latinos viviendo en los EE. UU.? Gerardo Reyes Gómez 08 de mayo de 2006.
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EDITORIAL DÍA PARA PEDIR PERDÓN Hoy, justamente hoy primero de mayo del 2006, da principio la segunda gran etapa de la lucha de los inmigrantes de origen mexicano para cambiar su nivel de status social en los EE. UU. y lograr el reconocimiento como la más importante de las minorías políticas emergentes que conforman el mosaico polietnico norteamericano. El boicot comercial contra los productos estadounidenses, planteado y promovido por los diferentes liderazgos de los grupos llamados hispanos de una gran cantidad de ciudades, solamente aspira a hacer consciente a la clase política y, al mismo tiempo a la sociedad civil de los Estados Unidos, que a pesar del desarrollo democrático que dice haber alcanzado ese país, hasta ahora ha sido incapaz de otorgar una serie de mínimos derechos humanos y políticos a millones de inmigrantes de origen mexicano, de los cuales una buena parte de ellos ha vivido en ese país por varias generaciones. Se escogió, para el boicot, el día que en México se celebra el Día del Trabajo, por su simbolismo, ya que el trabajo es la principal causa que motiva y justifica la presencia de millones de personas que han entregado sus ambiciones y sus sueños, para tratar de ser parte de una sociedad más justa y con mayores y mejores expectativas de desarrollo individual y social y contar con la posibilidad de un cambio de su identidad social. Hombres y mujeres dispuestos a renunciar para siempre a su anterior nacionalidad para integrarse a la estadounidense, quizá preservando algunos de los valores de su cultura anterior, pero aceptando tácita y explícitamente el imperio de las leyes, usos y costumbres del régimen político vigente en los EE. UU. Esta nueva etapa de lucha conllevará penas y múltiples sufrimientos para cientos de miles de personas de origen mexicano que serán tratados, a partir de hoy, como insurrectos, malagradecidos y, en no pocos casos, como conspiradores que se atrevieron a organizarse, a levantar la voz y a hacer notoria su presencia presionando al establishment con medidas que lastiman al corazón del capitalismo y la libre empresa. Para la derecha y la ultraderecha estadounidense ese es un pecado de lesa economía, casi imposible de perdonar y cuyas consecuencias no son fáciles de prever. Hoy, justamente hoy, sería más que propicio señalar esta fecha como el día del perdón. El día en que la administración de Vicente Fox Quesada tendría que pedirle perdón a miles y miles de mexicanos que se vieron obligados a migrar durante su administración, a los miles de mexicanos que perdieron la vida en el intento, al enfrentar los peligros de su huída en busca de oportunidades de trabajo y expectativas de las que carecieron en México. Un presidente que no hizo su trabajo, a pesar de lo que aseguran sus mentirosos como manipuladores spots en radio y televisión. Un presidente que conociendo los desastrosos resultados de su administración, todavía se atreve a apadrinar y coordinar, ex oficio, la campaña política y mediática de su alfil a La Presidencia. Imposible que esos mexicanos lo perdonen, como nosotros no lo hacemos, pero al menos debiera tener la inteligencia, el decoro y los tamaños para intentarlo. Gerardo Reyes Gómez 01 de mayo de 2006.
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EDITORIAL LA REBELIÓN DE LOS ESCLAVOS Intentaremos utilizar una metáfora, si en el menor ánimo de lastimar u ofender a nadie, especialmente a los grupos de inmigrantes que se han manifestado pacíficamente para demandar mayores niveles de justicia social, respeto a sus derechos humanos y el reconocimiento legal a su existencia en los EE. UU. Las formas de dominación imperiales forman parte indivisible de la cultura de la humanidad. Los imperios para existir han requerido siempre de grandes cantidades de esclavos, es una parte fundamental de su naturaleza. Todos los grandes imperios de la antigüedad como el egipcio, el romano o el chino, requirieron de fuerza de trabajo esclava para mantener la hegemonía económica de sus organizaciones políticas. Y si bien los imperios han evolucionado no pueden renunciar a la base de su sustento. Los EE. UU. no son una excepción. Su fuerza de trabajo, formada por nuevos inmigrantes, son los esclavos modernos y sus amos son sus empleadores. Pero es el sistema económico, político y jurídico de ese imperio el que ha creado las condiciones de legitimación legal de esa forma de organización. Cuando los grupos de migrantes, entre ellos el numeroso contingente de mexicanos protesta con sus marchas en las calles, pone el dedo en la llaga de un hipócrita sistema que se atreve a adjudicarse el calificativo de democracia. La cual, bien vista, es la capacidad que tienen los ciudadanos de ese país para darse la forma de gobierno que desean y legitimarla con sus leyes y disposiciones legales para darle existencia jurídica. Las marchas de inmigrantes, mientras sean manifestaciones públicas y pacíficas de la inconformidad contra una injusta estratificación política y social, no tienen mayores consecuencias y hasta se le ven como un fenómeno que esta modificando las condiciones sociales de la población. Sin embargo, cuando la organización de inmigrantes anuncia con bombo y platillo que esa gran masa se organiza para llevar a cabo un boicot en contra del consumo de productos estadounidenses, entonces el problema cambia de rostro y la reacción es violenta por parte de la autoridad, porque eso significa un reto y lo interpretan como una agresión al sistema imperial, al que curiosamente los migrantes pugnan por pertenecer. La que calificamos como segunda fase de la lucha, causará una enorme resistencia por parte de la ultraderecha político-ideológica estadounidense, no exenta de aguda violencia, como despidos injustificados, deportaciones, encarcelamientos ilegales, agudización de la marginación, golpes, actos de ridícula pero efectiva discriminación contra niños, jóvenes y adultos, e imperará la injusticia del sistema imperial, en una lucha que apenas comienza y donde habrá cientos de miles, si no millones, de lastimados y en México, deberemos estar preparados para brindar todo el apoyo que podamos ofrecer a nuestros paisanos en esa injusta lucha que mantienen para tratar de romper, aunque sea parcialmente, las cadenas de su esclavitud. Gerardo Reyes Gómez 24 de abril de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Ha nacido una criatura polifacética en los EE. UU, todavía débil y temerosa, pero ya ha dado espléndidas muestras de su increíble vitalidad; el movimiento de inmigrantes por la defensa de sus derechos civiles. Aletargado y oculto en el oprimido anonimato, este nuevo interlocutor político y social se decidió a nacer, con una fuerza desconocida e inusitada. Luego quizá podrá ser minimizado y hasta, en su momento, podrán intentar negar su existencia e importancia, pero ya nunca lo podrán desaparecer. El pasado 10 de abril, cientos de miles de inmigrantes marcharon por las calles de un gran número de ciudades de la Unión Americana, en su mayoría de procedencia mexicana. Sin embargo era un grupo poliétnico enorme que no puede ser calificado solamente como mexicano, y esa es la novedad. Esa multitudinaria manifestación, mostró sin lugar a dudas una nueva personalidad, diferente a la de otras ocasiones en el pasado. Posee su propio lenguaje, sus objetivos definidos y si bien cuentan con puntos de contacto con nuestra cultura, también es cierto que ya guardan rasgos de una nueva identidad. Se equivoca quien piense que eran mexicanos protestando en los EE. UU. Aunque poseen y están orgullosos de muchas de sus raíces, y para ellos dichas raíces son un elemento importante de cohesión, básicamente es un enorme grupo política y socialmente diferente. Ya no podrán ser ignorados ni ser invisibles. Con voluntad, organización y su enorme vitalidad están dando la batalla pacífica para obtener en su larga lucha, el reconocimiento que se han ganado, después de enormes sufrimientos de sus antepasados viviendo atrapados en la clandestinidad y habiendo sido ocultados bajo la alfombra de la sala, envueltos en el desprecio y el miedo. Una sociedad cínica e hipócrita los ocultó en las sombras de la ilegalidad de donde claman por salir y rescatar su mínimo derecho humano: el de la existencia en libertad con dignidad. Los organizadores, la mayoría anónimos, tuvieron la habilidad y valentía para conseguir importantes adhesiones y apoyos en organizaciones sindicales e instituciones religiosas, incluso con líderes reconocidos como el cardenal Theodore McCarrick, de Washington, quien acudió a bendecir la concentración y dirigió su discurso casi por completo en español, ante el evidente gozo de los miles que lo escucharon. Por fortuna las autoridades e instituciones mexicanas se mantuvieron al margen de la logística y solo brindaron, sorprendidas, sus simpatías y apoyo moral. De no haber sido ese el caso, el gobierno estadounidense se hubiera sentido agredido y hubiera actuado en consecuencia. Que no trate el Poder Ejecutivo mexicano, como es su costumbre, capitalizar acciones que estuvieron siempre más allá de sus posibilidades. Las marchas por los derechos de los inmigrantes, legales o ilegales, tanto la del 25 de marzo, como la del 10 de abril, a pesar del amago y las amenazas a muchos de sus líderes, son resultado de los propios esfuerzos de esos oprimidos que reclaman su derecho a ser considerados humanos y aspirar a mayores niveles de justicia. El crédito se lo merecen todo ¡Felicidades! Gerardo Reyes Gómez 17 de abril de 2006.
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EDITORIAL Fuera de los iniciados en la diplomacia internacional, prácticamente nadie se ha percatado de la trascendencia de la última Declaración Presidencial del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la que se da un plazo perentorio de treinta días al Gobierno de Irán para que suspenda sus actividades nucleares, so pena de que de no acatar la Declaración se deberán tomar medidas graves. El problema de la concentración de poder decisorio en unas cuantos Estados nacionales, fenómeno que aqueja a la Organización de las Naciones Unidas desde su creación, hace propicia la condena facciosa de algún país que no cumpla las expectativas de los poderosos, que sí tienen membresía permanente en el Consejo de Seguridad. Para llegar a la Declaración Presidencial que nos ocupa, los cinco países miembros con carácter permanente en el Consejo de Seguridad: EE. UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China invirtieron semanas de deliberaciones para cumplir con su objetivo; poner en jaque a la nación islámica rebelde. Sin embargo, debe quedar bien claro, los principales instigadores de ese juego de poder mundial, fueron los EE. UU. Ellos utilizaron los oficios del Reino Unido y Francia para redactar el documento condenatorio de la Declaración. Recordemos que por mucho menos que lo descrito, los EE. UU. invadieron a Irak y desataron una inclemente guerra “preventiva” que ha provocado miles de muertos de ambos bandos, con la salvedad de que por cada soldado estadounidense muerto ellos han victimado a veinticinco iraquíes, lo cual significa una avasalladora desproporción. Aunque debieron pasar años para que EE. UU. y el Reino Unido reconocieran que las motivaciones que dieron origen a esa guerra estuvieron mal fundadas y nunca existieron en Irak las armas de destrucción masiva sobre las que fundamentaron los estadounidenses su actividad bélica. Ahora, ante la imposibilidad de los EE. UU. para obligar a Irán a suspender su programa nuclear, el Consejo de Seguridad exige que les den garantías de que el programa está dirigido a aplicaciones pacíficas, a la no proliferación y, además, que permita Irán la inspección de observadores de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) para supervisar y detener el enriquecimiento de Uranio. La única pregunta que se hacen las naciones islámicas es la siguiente: ¿Cuándo le exigió la OIEA o el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a Israel las mismas garantías que ahora le exigen a Irán? Otra vez la famosa Ley del Embudo de los EE. UU. y la amenaza de la próxima guerra preventiva en el Medio Oriente. Gerardo Reyes Gómez 03 de abril de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Desde hace años Línea Directa viene sosteniendo que no hay justicia en el sistema político estadounidense; lo único que existe en ese sistema es una farsa disfrazada de justicia que alimenta las buenas conciencias de una buena parte de la sociedad más guerrera y predadora de la historia. En ese contexto se da la base naval de Guantánamo, convertida en prisión en el territorio de Cuba. La comunidad intelectual representada por personajes de diversas nacionalidades, después de cuatro años de permanecer en relativo silencio, finalmente protestó repudiando las prácticas pseudo legales de los EE. UU. al mantener cerca de quinientos prisioneros durante años en Guantánamo, privados no solamente de su libertad, sino atacando sus más elementales derechos humanos. Un juez estadounidense, entre cientos de ellos, de nombre Jed S. Rakoff, de Nueva York, quien se tardó cuatro años para abrir los ojos, fue el primero de ese grupo de hipócritas jurisconsultos en admitir que los EE. UU. no tienen derecho de mantener en el anonimato los nombres de más de cuatrocientos noventa prisioneros de las fuerzas armadas, ordenándole al Pentágono publicar nombres y nacionalidades de sus reos sin derecho a juicio. Lo anterior no quiere decir que ya se observe la luz al final del túnel de ignominia y que esos prisioneros vayan a recibir un juicio justo y, como resultado de ello, algún día no muy lejano, puedan abandonar los límites de la prisión militar. No, eso solamente significa que fueron liberados sus nombres, pero no los individuos. Si alguno de los prisioneros no logró sobrevivir a las sesiones de tortura, esa información quedó resguardada en los archivos secretos del Pentágono, porque no es del dominio público y, catalogados los reos como combatientes enemigos, sus derechos se encuentran restringidos hasta al punto de negarles la posibilidad de haber existido. Si vivieron en este mundo o no, siempre será una incógnita. Los EE. UU. se arrogan el “derecho” de confirmar o no su existencia. A pesar de todo nos da una gran satisfacción que Línea Directa haya sido una de las puntas de lanza que movieran alguna conciencia, cuatro años antes de que los intelectuales del mundo admitieran que alguien tendría que protestar por una de las iniquidades más graves y flagrantes del aún joven siglo XXI. Gerardo Reyes Gómez 20 de marzo de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Para aquellos que definen la política como el arte de lo posible, el mundo global moderno, obstinado como es, ofrece una nueva versión: el arte de lo imposible. En este contexto se dará la próxima entrevista en Cancún Quintana Roo entre Vicente Fox y George Bush, porque créanlo o no Fox está políticamente muerto; no existe, no pasa de ser un holograma, el triste recuerdo de una imagen. Lo anterior lo saben los generales de Bush, sus asesores, los expertos en las relaciones México-Estados Unidos, sus estrategas, empresarios y políticos. Fox no representa nada. Si se me permite el ejemplo, es como si las fuerzas aliadas durante la invasión de Normandía en la Segunda Guerra Mundial pretendieran llegar como relámpago a Berlín para sacar de su bunker a Adolfo Hitler y tener una entrevista con él. Hace meses que Vicente Fox dejó de ser el presidente de México. Sin consensos, sin el respeto de los mexicanos pensantes, sin la obediencia de los responsables de las instituciones, sin capacidad de mando, y unido a la corrupción y al caos producto de la violencia que provoca la delincuencia organizada, Fox primero se convirtió en un títere de los grupos de poder internos y externos y luego se diluyó en la nada. Sus actos más relevantes consisten en cortar listones en actos de inauguración de fábricas, almacenes o planteles y aún así lo continúan utilizando como ventrílocuo de pacotilla, porque nadie sabe nunca con que “ocurrencia” va a salir al interpretar su papel. El presente editorial no va más allá de prevenir a propios y extraños de que, al no representar nada Vicente Fox, los acuerdos y compromisos llevados a cabo por ese señor no tienen validez ante la ciudadanía ni ante la historia. Si los estadounidenses se quieren aprovechar de su incapacidad mental e inexistencia, así como del vacío de poder dejado por Fox, éste, al dejar de representar los intereses de los mexicanos, no puede llegar a acuerdos y menos a compromisos legítimos, y en cualquier momento en el futuro serán desconocidos por quienes le precedan en el mando político de la nación. Que quede claro, porque sobre aviso no hay engaño. Gerardo Reyes Gómez 13 de marzo de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Cuando todavía están frescas las manifestaciones de repudio al presidente George Bush en su reciente viaje a India y Pakistán, se impone una nueva evaluación de la visita del mandatario estadounidense a nuestro país, programada para principios de abril en Cancún Quintana Roo. En principio esa visita y la entrevista previa con Vicente Fox, para muchos significa una provocación, debido al nivel de rechazo y el sentimiento antinorteamericano en México, para quien se ha dado en identificar como “el emperador”. Pero el asunto tiene mucho más mar de fondo. A nadie con más de dos dedos de frente se le hubiera podido ocurrir invitar a Bush a visitar nuestro país, en medio del proceso que vive México de elección presidencial, si no mediaran circunstancias especiales y poderosas razones para hacerlo. Y es de todos conocido, que esa visita le hubiera caído de perlas a Vicente Fox y a su grupo, apenas hace un año. Así que debe quedar claro, Bush viene a México por iniciativa propia a cumplir más con sus propias razones e intereses que los nuestros. La sociedad política nacional de todo el espectro ideológico está profundamente lastimada por acciones unilaterales de la administración estadounidense, como la construcción del muro fronterizo para evitar los flujos migratorios, pero, sobre todo, por el salvaje tratamiento persecutorio que aplican a nuestros migrantes. Y para mencionar sólo un problema adicional, citaremos el acto discriminatorio del Ejecutivo estadounidense contra la delegación cubana en el Hotel Sheraton, donde olímpicamente aplicaron la extraterritorialidad de sus leyes, nulificando las nuestras. Ya de por sí, Bush no es bien visto en ninguna parte del mundo, incluido su país, y sus visitas internacionales están plagadas de manifestaciones de repudio y de violencia, desde Londres a Nueva Dheli o de Tokio a Nairobi. Así que a otro perro con ese hueso. Bush no puede viajar libremente a cualquier ciudad en México, especialmente las densamente pobladas. Por ejemplo, solo a un loco podría ocurrírsele que visitara la capital del país, a menos que se quisiera iniciar otra revolución. Todo este escenario que vive en estos momentos nuestro país, lleva a mostrar que el imperio está seriamente preocupado por la ingobernabilidad que en los últimos meses ha hecho presa de la nación. A pesar de los apoyos extraoficiales que en forma clandestina ha recibido la administración de Fox. Los mexicanos hemos descubierto con sorpresa que, casi desde el principio de la administración foxista, dentro de nuestras instituciones de justicia, como la Procuraduría General de la República, han estado operando enclaves del FBI y de la DEA, oficinas que dicen servir de apoyo a nuestras autoridades, pero que económicamente, operativa y políticamente dependen de sus matrices en EE. UU. Y si esto no es una muy clara pérdida de soberanía ¿entonces qué es? Y así quiere Fox conservar el poder para su partido y su candidato Felipe Calderón. Gerardo Reyes Gómez 06 de marzo de 2006.
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Debido al deterioro del tejido socio-político del Estado Mexicano, originado por una dirigencia falta de oficio y talento, se ha hecho evidente la ingobernabilidad en renglones tan prioritarios como el de la seguridad nacional, amenazada evidentemente por la violencia desbordada, la corrupción institucionalizada y una cada vez mayor agresividad de la delincuencia. Paradójicamente, eso provocó que la geopolítica entrara por la puerta grande al proceso electoral mexicano. La decisión fue forzada por las circunstancias; los EE. UU. estaban perdiendo el control de la situación en México. Las líneas de comunicación cibernéticas se sobrecalentaban, debido a que todos los servicios de inteligencia estadounidenses, reportaban que, continuando por ese rumbo, el grupo en el poder perdería el control del proceso electoral, con los peligros que ello significaba para los planes estratégicos geopolíticos del imperio. Había que hacer algo y pronto. Casi inmediatamente después, los mexicanos comenzamos a recibir señales directas y otras subliminales de un inminente cambio de política diplomática hacia México. Las fuertes declaraciones del Zar de todos los servicios de inteligencia al norte del Río Bravo, John Dimitri Negroponte, aún reverberan en los despachos de los responsables de la seguridad en México. Y, como si faltara la cereza del pastel, apenas pocos días después el 4 de febrero pasado, se dio la visita a nuestro país de Porter Goss, el director general de la CIA, quien no andaba de vacaciones y aprovechó la ocasión para darle una buena zarandeada a nuestro general secretario, titular de una importante fábrica de desertores y puso en evidencia y en ridículo al sucesor de Rafael Macedo de la Concha (el que aún anda a salto de mata en puestos de segundo pelo en embajadas mexicanas en Europa, tratando de escapar de acusaciones, no tan mal encaminadas, de su participación en los negocios de un emporio conocido como el Cártel del Golfo). Al mismo tiempo que eso sucedía se trató de cerrar la pinza utilizando los buenos oficios del señor Antonio Garza, más que embajador, amigo de George Bush; un hombre con talentos especiales, quien no llevaba mucho tiempo en México, cuando para solucionar su condición de ser el soltero extranjero más codiciado viviendo en nuestro país, se vio obligado a escoger entre casarse con la mujer mexicana más bella o hacerlo con la más rica de México e, incluso, de Latinoamérica. Y claro, como buen estadounidense con un poquitín de “latin lover”, él no tiene amigos ni pasiones, pero sí intereses y terminaron formando la pareja perfecta. El diagnóstico del embajador Garza al Departamento de Estado, a grandes rasgos, también era consistente con los de la pléyade de espías operando en México. Y vino el cambio, se tomó la decisión de apoyar al candidato de Estado Mexicano. Felipe Calderón Hinojosa, es el heredero y apéndice de la ultraderecha en México. Si debía tragarse Bush el orgullo, para promover una visita oficial a nuestro país, ello no importaría si servía para darle un claro espaldarazo a Vicente Fox y asegurar elecciones presidenciales relativamente tranquilas en el traspatio estratégico del imperio. Así que Bush viene a México después de cuatro años cuando, su gesto político más importante en su última visita, fue utilizar su fuerza para, materialmente correr de nuestro país al comandante Fidel Castro, utilizando a Fox como un ujier, en aquella memorable reunión en Monterrey, que finalmente le costó la carrera política a nuestro prepotente canciller. Gerardo Reyes Gómez 27 de febrero de 2006.
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¿ TRAIDORES O SINVERGÜENZAS? La semana pasada se cimbró la conciencia crítica de las Fuerzas Armadas, cuando se enteró de la abyecta conducta del alto mando de la Secretaría de Marina. Ese puñado que forma la conciencia crítica de la Armada de México se enteró, a toro pasado, que la Armada de México había comprado tres aviones chatarra, para sus operaciones antinarcóticos y antiterroristas. Se trata de tres aparatos de fabricación norteamericana Grumman E-2C, muy populares en los años setenta, que los yanquis ahora denominan “scrap” (desecho) adquiridos por la Armada de México en 18 millones de dólares y, por añadidura, comprados al gobierno de Israel, el principal socio estratégico de los EE. UU. en el Medio Oriente. De los tres aviones en cuestión, dos fueron localizados en un museo y el tercero fue rescatado en un deshuesadero de aparatos aéreos en Israel. Hace treinta y cinco años cada aparato de esos costaba, nuevo, 51 millones de dólares. Así que el precio de los 18 millones que ahora pagó la Armada de México, resultó una “ganga”. Creemos que en este caso, como sería presumible, no se trata solamente de una corruptela más entre militares, sino de un asunto de mayor fondo porque, al día siguiente de haber hecho públicos los hechos en México, vino un espaldarazo directamente del Pentágono, para amortiguar el golpe dado al pedacito de orgullo que les quedaba a los mexicanos. Resulta que jefe del Comando Norte de los Estados Unidos, el 5 de marzo pasado, (el almirante Tiemoteo Keating), testificó ante una comisión del senado de los EE. UU. que los aviones E-2C, también conocidos como Hawkeye (ojo de halcón), una vez restaurados y puestos en condiciones de vuelo, ayudarían a los mexicanos a cumplir sus tareas de vigilancia contra posibles terroristas y narcotraficantes en nuestro territorio. Como puede observarse, el plan par venderle chatarra a México, estaba fríamente calculado, inspirado y avalado por la máxima autoridad militar operativa del continente americano. Con lo cual se ofrece otra prueba contundente de que ya formamos parte subordinada del Comando Norte Estratégico de los EE. UU., empleados para la defensa del territorio estadounidense. La conclusión sería definir si debemos llamar traidores tanto al secretario de Marina de México como a su jefe, o solamente sinvergüenzas, porque el Congreso de la Unión, que nosotros sepamos, no ha aprobado la anexión de nuestro territorio, ahora dividido del de ellos por un ignominioso muro en construcción. Y la pregunta final de William Shakespeare sería o ¿somos o no somos? Gerardo Reyes Gómez 20 de febrero de 2006.
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EDITORIAL LA DINASTÍA BUSH Quizá aún es muy pronto para evaluar en su totalidad, la actuación de la Dinastía Bush en el gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo, una mirada a los problemas del mundo en este momento, nos hace prever que su legado ha impactado en forma tan agresiva, las formas de convivencia internacional entre las naciones, que sin duda están haciendo historia, y no de la mejor. El mundo vive una nueva era. El lenguaje de la dinastía Bush es el de la guerra; el de la prepotencia, la imposición y la injusticia. Dentro del modelo cultural que exportan a todas sus áreas de influencia, está un fenómeno altamente pernicioso: su concepción de democracia. Una democracia en la que se autodefinen como adalides y defensores de la libertad y que, sin embargo, se permite espiar y grabar a sus ciudadanos y modular la opinión pública de su país. Es el estado policiaco moderno por excelencia. El cual ejerce el ilegítimo derecho a imponer a los demás su voluntad, por medio de su fuerza económica e incluso militar. Para estas alturas los EE. UU. han decidido (y tienen diseñada la estrategia y los escenarios) invadir a Irán en la primera oportunidad. Detrás de esa decisión está la defensa de su hegemonía nuclear, en la zona del Oriente Medio. Irán muy pronto estará en posibilidad de fabricar algún dispositivo atómico que le permita ingresar al club nuclear de su ámbito geográfico cercano. Donde, por ahora, el único miembro de ese club es Israel. Y los EE.UU. están decididos a impedir que pueda ingresar cualquier otro, especialmente si es un país islámico. En la dinastía Buh se ha vuelto práctica común avasallar al resto de las naciones para que acepten y obedezcan, como lo haría cualquier imperio de los que ya se creía liberado al planeta, las leyes aprobadas en su ámbito doméstico. Esto, que va en detrimento de la mayoría de las naciones modernas, es un eslabón más de una cadena de sujeción tan férrea y tan dura que evoca la idea de iniquidad misma. En la evolución socio-política del planeta, se ha vuelto hasta normal que la autoridad que se creía autónoma en las naciones, como México, se pliegue a los designios del imperio maldito. Aquel que reparte y corrompe a nuestros gobiernos hasta hacerlos atender órdenes para detener y entregar a un ciudadano, por ejemplo un mexicano de nombre José Ernesto Beltrán Quiñones, para ser juzgado en San Diego California, sin mediar el trámite internacional de extradición. A ello dieron lugar las últimas deliberaciones de los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes, no solo en apariencia, se comportan cada vez más como lacayos del imperio, que como honorables ministros del tribunal más alto del país. Si ello pasó en México la semana pasada, qué no podría pasarle a una nación islámica. Gerardo Reyes Gómez 13 de febrero de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Tiene razón Juan Demetrio Pontenegro, el zar de todos los servicios de inteligencia estadounidenses, aunque nos duela reconocerlo, repito, tiene mucha razón; aunque no toda. Si bien Juan Demetrio, el caballero de origen londinense, nos cimbró a miles de mexicanos, comparándonos con los haitianos y los afganos, esforzados adalides y fanáticos del subdesarrollo, cuyo nivel de interlocución política es generalmente limitado, no podemos dejar de reconocer que la verdad no peca, pero vaya que sí incomoda. Es rigurosamente cierto, aunque no lo quieran reconocer nuestras autoridades, que nuestra dirigencia política ha dejado proliferar la delincuencia organizada y ha perdido el control total de la estabilidad política del Estado mexicano. Pero claro, no nos gusta que nos lo digan así, y menos desde allá. Lo que no mencionó el americanizado John Dimitri, cuando compareció ante el famoso Comité del Senado de su país, es la responsabilidad que tiene el Tío Sam en el asunto. Por ejemplo, no dijo que el Tío de los pantalones a rayas, se equivocó cuando hizo la selección de la persona que ahora nos está gobernando. No dijo, aunque lo implicó, que no funciona su pelele. Que casi nada le sale bien al presidente de la dependencia. Como tampoco mañosamente dijo, que el objetivo de su agresión mediática es para tratar de corregir el rumbo y no cometer los mismos errores del pasado. Que hay corrupción en México no es nada nuevo. Son los límites de esa corrupción, los que han alcanzado linderos inéditos, pero ello fue a consecuencia del experimento político que auspiciado, e incluso dirigido por los Estados Unidos, que llevó al poder a una corriente de ultraderecha cínica y rapaz, insaciable en la acumulación de riqueza tiene a la nación mexicana al borde de la bancarrota ética. La moral, dejó de ser, en México, un árbol que da moras revolucionarias y tricolores, para convertirse en un escapulario que oculta como un escudo, el saqueo y el pillaje de los fundamentalistas religiosos del régimen. Pero que no se llame sorprendido San Juan Demetrio, el modelito fue copiado por los que ustedes impusieron en Los Pinos. Nuestra Enron, se llama PEMEX, su George Bush aquí se llama Vicente Fox, y ambos atienden las mismas directrices y obedecen a los mismos amos. Ni a los de aquí ni a los de allá nos tienen satisfechos, sin embargo el señor Negroponte es una persona inteligente, si no, no estaría donde está y el sabe que no hay mal que dure cien años… Y ese es, justamente, su temor. Gerardo Reyes Gómez 6 de febrero de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Y LES ROBARON SU DEMOCRACIA El mundo nunca tomó cabal conciencia de que, durante el fin de semana anterior, se vivió un momento de crucial peligro de desencadenar una guerra nuclear en el Medio Oriente. Los chips cibernéticos se sobrecalentaron al funcionar intensamente a la velocidad de la luz; se trataba de encontrar un consenso entre las grandes potencias para rechazar la llegada de Hamas al poder en Palestina. De los escenarios preconcebidos, cuando decidieron Israel y EE. UU ejecutar a Yaser Arafat, debían optar por uno que pusiera en claro que no se permitiría que emergiera, como interlocutor de las negociaciones internacionales, ningún miembro de la beligerante Hamas. Había que poner el suficiente énfasis en que eso no era negociable. La sorpresa que causaron, el jueves de la semana pasada, los resultados de las elecciones en Palestina fue mayúscula. La victoria de Hamas puso a temblar a Israel; la única potencia nuclear del Medio Oriente. Y la reacción no se hizo esperar, había que recordarle y dejarle bien claro al mundo que en esa región del planeta se da la confluencia de intereses político-petroleros más importante del globo terráqueo y el peligro de no actuar con celeridad, podía desencadenar una respuesta de guerra nuclear. Francia, Alemania, Rusia e Inglaterra lo entendieron cabalmente. Y aunque saben que tendrán problemas con sus respectivos grupos sociales y organizaciones políticas, para legitimar la decisión de robarle a Palestina la democracia que pregonan defender, no quisieron correr el riesgo de ser copartícipes de iniciar una conflagración nuclear de impredecibles consecuencias. Las redes de influencia y poder económico judías se pusieron a trabajar durante todo el fin de semana. Se trataba de mostrar los colmillos y emitir rugidos, disfrazados de solicitudes de ayuda y solidaridad, para un pequeño Estado que se siente amenazado y al borde del exterminio, cuando todavía no se apagan los ecos de los eventos anuales que le recordaron al mundo el llamado “Holocausto”. Y la estrategia prefabricada funcionó. Las potencias apoyaron a Israel y a los EE. UU., aunque saben que lo hicieron bajo presión y, bien vistas las cosas, bajo chantaje. Atrás queda Palestina, otra pequeña nación que pretende ser Estado y que desde que le arrebataron su territorio, sus lugares santos y lo masacraron, con la complicidad manifiesta de la pérfida Albión, no ha podido levantar cabeza. La última hazaña de los poderosos socios de Israel consistió en robarle, también, hasta su incipiente democracia. Gerardo Reyes Gómez 30 de enero de 2006. EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EL GRAN “PRIMO” Es difícil predecir cuánto tiempo pasará antes de que la mayoría de los estadounidenses se den cuenta y, sobre todo, acepten que tienen un delincuente en la Casa Blanca. El grupo de poder mundial que creó a George Bush diseñó una estrategia de terror para someter a su voluntad a la sociedad que gobierna, ello no podría haberse logrado sin el control de la información de la sociedad política en EE. UU. Son pocos los norteamericanos que tiene conciencia de lo que significa haber perdido su privacidad, porque a medida que eso ha sucedido, también pierden un bien de su identidad autónoma. Y no diremos que eso está bien, solo porque atañe fundamentalmente a los habitantes del país más poderoso de la Tierra. Sin embargo el objetivo del control de la información rebasa sus fronteras. El gobierno federal en México ha comenzado, de tiempo atrás, a sufrir las presiones para que gran parte de los mecanismos que se aplican en EE.UU., en materia de seguridad, pretextando el combate al terrorismo, sean utilizados también en México. Y hablaremos de dos casos específicos: la grabación de conversaciones telefónicas de los ciudadanos en general, y el registro de los correos electrónicos que los mexicanos envían y reciben, vía Internet, en sus cuentas de correo. El poderoso “gran primo” orwelliano ha tomado en sus manos la responsabilidad de la vigilancia de los habitantes del planeta, y como el gobierno de México pasa por uno de sus peores momentos en materia de defensa de su soberanía, existen muchas posibilidades de que se establezca un acuerdo secreto entre los dos gobiernos para acceder a las bastardas pretensiones de los “primos”. La petición del gobierno estadounidense está vigente y nosotros no vamos a pelarnos con la lógica; un caballero nunca le pediría a una dama que le acompañe a la cama para entregarle su honra, sus virtudes y placeres, si no tiene posibilidades de que ella acepte con mayor o menor gusto. Fox, a través de su conducta política durante su administración, nos ha convencido en reiteradas ocasiones, mismas que podemos enumerar si alguien lo solicita, que es capaz de entregar, hasta lo que no le pidan. Si alguien nos preguntara cuál es el talante de los ciudadanos estadounidenses, al respecto le diríamos que hasta Al Gore, el ex vicepresidente compañero de fórmula de William Clinton, ha elevado su voz de protesta porque considera que el actual presidente Bush ha violado flagrantemente la Constitución de los EE. UU. y que la serie de medidas tomadas en contra de las garantías ciudadanas de sus conacionales, violan la Primera Enmienda de su Carta Magna. Gerardo Reyes Gómez 23 de enero de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL En principio debe quedar claro que Línea Directa 21 nunca se ha solazado del dolor humano, independientemente de quien lo sufra, pero también, en justicia, no puede pasarse por alto que algunos personajes, por su conducta, merecen castigo y nunca alcanzarán a pagar el daño que a otros hicieron. Es el caso de Ariel Sharon, el agonizante primer ministro de Israel, también conocido como “chacal de Sabra y Chatila” quien, al escribir estas líneas, aún se debate entre la vida y la muerte. El lapidario juicio no lo hicimos nosotros, sino un tribunal belga que, como respuesta a una demanda internacional, encontró responsabilidad de Sharon en el asesinato de miles de palestinos a manos de las milicias falangistas el año de 1982 en Líbano. El entonces ministro de Defensa de Israel, quien dirigió la operación genocida de Sabra y Chatila no pudo ser llevado personalmente a juicio por el tribunal belga por causa de su inmunidad al estar ocupando en junio de 2001, el cargo de primer ministro de su país, cuando esta acción legal internacional se llevó a cabo. Sharon fue un soldado y un hombre de gran poder durante muchos años, ahora parece estar esperando, con parte de su caja craneana abierta para permitir a los cirujanos neurólogos observar la evolución de múltiples derrames cerebrales y su cita con su destino. Sharon el principal socio estratégico de los EE. UU. en el Medio Oriente se llevará consigo una parte crucial de la historia del conflicto árabe–israelí. Con infinidad de episodios controversiales, como el presunto asesinato por envenenamiento de Yaser Arafat, operativo supuestamente a cargo de el Mossad, que por ley no habría podido llevarse a cabo sin la aprobación expresa del primer ministro. Y, además, también el magnicidio hubiera sido imposible sin la respectiva consulta previa y aprobación del presidente George Bush, debido a la importancia Arafat como Jefe de la Organización Palestina e interlocutor islámico en las negociaciones con occidente. Al igual que en México donde cualquier persona con más de dos dedos de frente sabe que nuestro país está dirigido políticamente, en lo formal, por un impedido mental, psicológicamente enfermo, en Israel cualquiera que posea, también dos dedos de frente, sabe que Ariel Sharon se llenó las manos y las fauces de sangre de miles de víctimas inocentes, en su mayoría mujeres, niños y ancianos palestinos en las masacres de Sabra y Chatila, cometidas entre el 16 y 18 de septiembre de 1982; esto es, cuando votaron para elegirlo primer ministro en los noventa, ya los israelitas conocían que él era un genocida. Ahí perdió su inocencia el movimiento nacionalista israelí, al quitarse la máscara de la pureza y exhibir su verdadero rostro. Por lo anterior, aunque se sienta ofendido el avispero de agentes del Mossad que deambulan por el Edificio Omega, en las vecindades del Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, no podemos desearle a Sharon que descanse en paz. Aunque no faltará quien sugiera, por parte del lado islámico, considerar que un acto de eutanasia sería demasiado benevolente. Gerardo Reyes Gómez 16 de enero de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL Mucha de la gente pensante de México ha comenzado a voltear la mirada al sur con envidia, de la buena, y a la vez con esperanza. Soplan vientos frescos de emancipación en el cono sur y la conjunción de varios factores geopolíticos ha sido propicia para intentar romper algunos de los eslabones de la cadena que mantienen sometidas las economías de algunos países hermanos. En primer lugar es ostensible el debilitamiento del poder político de George W. Bush en los ámbitos interno y externo. Su baja popularidad entre sus conciudadanos indica, con meridiana claridad, que no las tiene todas consigo, lo cual ha favorecido la disminución de su nivel de agresividad y difícilmente se atrevería a dar un zarpazo definitivo, como lo habría hecho en otros tiempos con Hugo Chávez en Venezuela o con Nestor Kirchner en Argentina, por haberse atrevido a enfrentar la ira de la diplomacia imperial estadounidense, mandando al diablo al FMI. Los sueños estadounidenses de expansión hacia el sur y dominio continental se tambalean. Por otra parte, Vladimir Putin, el líder ruso que ha resultado un hueso muy duro de roer, en su oportunidad oteó el horizonte e interpretó bien la debilidad del mandatario huésped de la Casa Blanca, quien como fiera herida huía de la realidad refugiándose siempre que podía en Camp David o en su rancho tejano, situación que le permitió al mandatario ruso promover la formación de un bloque geoestratégico de primerísima importancia al unir expectativas de China, India y la propia Rusia, países que rodean el centro euroasiático. Recordemos el viejo aforismo muy divulgado en los siglos XIX y XX que dictaba: “quien domine el centro de Eurasia, dominará al mundo.” Empeñados los EE. UU. en una guerra imposible de ganar en Irak, misma que les ha significado una sangría económica de gran magnitud y la cual la está pagando el pueblo norteamericano, se ha comenzado a reconocer que al menos algunos renglones de la economía estadounidense se encuentran en quiebra técnica, lo cual en nada ayuda a la antigua fortaleza del imperio. Por desgracia, a México lo pillan desprevenido con un presidente de la República deslegitimado, medroso y sumiso, quien vergonzosamente se ha prestado como punta de lanza para agredir los sueños de emancipación de los países del cono sur. Porque si no hay dignidad para luchar por los derechos de los mexicanos, menos la habrá para defender las causas justas de países los países latinoamericanos. El famoso muro de contención migratoria que se pretende construir en la frontera sur de los EE. UU. es una cortina de humo para distraer la atención de la opinión pública de ambos países y a la que se ira azuzando con una serie de incidentes menores para crear el clima de falsa tensión que han creado los estrategas diplomáticos de los dos países. Gerardo Reyes Gómez 09 de enero de 2006.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL LA MADRE DE TODAS LAS CORRUPCIONES México por el momento no tiene vías de escape. Su cúpula política bajo la égida del Partido Acción Nacional continúo con la inercia del PRI; se sometió y comprometió su futuro al imperio estadounidense. En el ínterin, nuestro país ha continuado importando formas, usos y costumbres de un modelo enfermo de corrupción. Hace poco más de un año que las autoridades del vecino país del norte han venido investigando un nido de corrupción en el Capitolio y no han podido llegar al fin de la madeja. Sin embargo, debemos recordar lo que puede pasar en una casa: cuando alguno de sus inquilinos se topa con el primer ratón, es porque ya hay otros veinte roedores rondando en sótanos y rincones. La corrupción es consustancial al poder político y económico. Los historiadores han confirmado hasta la saciedad que cuando ésta excede algunos límites, ha sido la principal causa de la caída de los imperios. Si en México recientemente fue denunciada, por un legislador panista, una red de corrupción en la Cámara de Diputados que favoreció la legislación de los intereses de la industria del tabaco, en EE. UU. no cantan mal las baladas de música “country”. Doce miembros de la cámara de representantes están siendo investigados, pero las ramificaciones apuntan a un número mucho mayor y entre ellos están algunos encumbrados legisladores, como Tom DeLay, influyente representante republicano y quien fuera coordinador de la bancada de ese partido en la cámara baja del Capitolio. El estado de las investigaciones ya ha permitido publicar en Washington D. C. que el actual "es el Congreso más corrupto en la historia del país" en opinión del senador Harry Reid. Y eso que en Washington casi no han tocado la red de cabildeo montada para proteger la legislación de la industria militar, con sus mega millonarios contratos otorgados por el Pentágono.
No obstante lo anterior, tanto en EE. UU. como en México y el resto del mundo, existe una línea que no ha sido traspasada en materia de investigaciones sobre la corrupción y ésta es aquella que permitiría descubrir la altísima corrupción derivada de la industria mundial del petróleo a nivel global. Esa corrupción, como diría Saddam Hussein, es la madre de todas las corrupciones en el planeta Tierra, al mismo tiempo es la más joven de las lacras globales que azotan a la humanidad para beneficiar a unas cuantas docenas de seres pertenecientes a una elite de la delincuencia más organizada y depredadora. En México, la administración de George Bush que llevó a la Presidencia a Vicente Fox ha logrado las más grandes hazañas en materia de saqueo en PEMEX y de las industrias circundantes. Todavía no se ha escrito el final de la historia en esta materia y ya nos ha llenado de asco y vergüenza la administración panista de Vicente Fox. Gerardo Reyes Gómez 02 de enero de 2006. EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL A primera vista George Bush Jr. parece un cínico y un estúpido, pero él es mucho más que eso: es un instrumento del poder mundial. Al igual que poco después de los lamentables hechos terroristas del S-11, le ordenaron promover y justificar la guerra contra Irak, justo ahora acaban de ordenarle comenzar a retirar las tropas invasoras de ese país; esto avalado por el Congreso estadounidense. Para efectos prácticos ese es un reconocimiento de que esa guerra ya la perdió EE. UU. Sin embargo, lo que parece inaudito es la razón que dio Bush ahora para justificar la retirada. Que él estaba equivocado, porque al iniciar esa guerra él creía que Irak estaba produciendo armas de destrucción masiva. Así le habían informado los servicios de inteligencia, como la CIA. Esto es, que por equivocación Bush llevó a su país a una guerra que mató a 30,000 iraquíes, y a 2,000 estadounidenses así como 15,000 heridos compatriotas de Bush y un número enorme de heridos iraquíes. Todavía en estos momentos ningún sitio de Bagdad, Basora o de cualquier otra ciudad de Irak es seguro. No existen garantías de que no será perpetrado un atentado contra cualquier ser humano que deambule por las vialidades de las devastadas ciudades e, incluso, por las localidades rurales. El olor a muerte es el maldito perfume de una nación que por doquier muestra las cicatrices de la guerra. Los sentimientos de rencor y odio invaden los rincones más apartados de un país cuyos habitantes se sienten agredidos, solamente por la presencia de los aliados invasores, encabezados por los estadounidenses. Y un sentimiento de rabia e impotencia invade los más amplios sectores culturales y religiosos debido a un conflicto que desestabilizó los equilibrios de una sociedad con atrasos milenarios y, además, con muy particulares formas de vida. Con todo, hay que dejarlo claro, ellos, los iraquíes, no pidieron la participación internacional de los “aliados” para evolucionar hacia un modelo socio-político que no sienten como propio y, mucho menos que consideren a la “democracia” estadounidense como la panacea ideal a imitar. Como un fenómeno de gran injusticia internacional, el caso de la guerra en Irak, es el ejemplo más reciente de la tenacidad y valentía que ofrece un pueblo para defender su autonomía e independencia, más de 30,000 muertos lo demuestran. Ellos saben y están conscientes de las lacras de su sistema o, al menos de aquello en que necesitan desarrollar nuevas actitudes y respuestas a los retos del futuro, pero son ellos los que decidirán su futuro y, de requerir ayuda exterior, también serán ellos los que la demanden. Que esta lección le sirva al mundo, y especialmente, a los EE. UU. ya que la única vía para dominar completamente a una nación valiente y decidida a luchar hasta el fin, sería exterminándola. Esperemos que Bush, sus cómplices y sus aliados tomen nota de la derrota. Gerardo Reyes Gómez 19 de diciembre de 2005.
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LOS DERECHOS HUMANOS Y LA TORTURA ESTADOUNIDENSE Los EE. UU. y especialmente, la administración de George Bush Jr. se encuentran sometidos a un juicio informal por parte de la comunidad internacional del planeta. Esto en relación a ejercer la tortura, práctica terrorista, como método de coacción para obtener información. Lo anterior se refiere a los modelos impuestos por los imperios. Desde los tiempos del gran Imperio Romano, una de las características de su actuar fue la exportación de su modelo cultural y político a todos lo ámbitos de los territorios conquistados, esto es consustancial a la esencia imperial. El imperio moderno estadounidense no se aparta un ápice de esa línea y exporta su particular idea de democracia. Entre esas formas apremiantes de imposición, está la de exportar la tortura, como ejercicio cotidiano de coacción. Desde mediados del pasado Julio, Amnistía Internacional, la que pretende ser una ONG independiente, denunció inquietantes hechos que alarmaron a los jefes de Estado de las potencias europeas, porque tenían casos documentados que establecían la existencia de presos torturados por la CIA en diversos países ajenos a los EE. UU. y, especialmente ajenos a la base naval estadounidense de Guantánamo. Después de eso no pasaría mucho tiempo sin que importantes medios escritos de comunicación, dentro de la misma unión americana, se pusieran a investigar y corroboran la exactitud de la información. La ola de alarma fue creciendo en el mundo, cuando se descubrió que la CIA había diseñado una red internacional de complicidades con muy altos funcionarios de algunos países de la Unión Europea. Y luego, lograron situar aeropuertos, los cuales sirven como puntos de partida de un gran número de vuelos secretos, así como los nombres de compañías aéreas que trabajan para la CIA, transportando presos a diversos puntos de la comunidad Europea. ¿Por qué son importantes estos hechos? Porque estos demuestran que los EE. UU., a través de la CIA, han roto los esquemas de cooperación internacional de seguridad y de combate al terrorismo. La CIA montó una red supranacional que les permite torturar a prisioneros, en búsqueda de información, independientemente de su nacionalidad y procedentes de cualquier país del mundo. Cuando es bien sabido que las leyes y los acuerdos internacionales de los EE. UU. no permiten que ningún militar estadounidense sea juzgado y mucho menos torturado, por un país extranjero. Es más, como en el caso de México, ni siquiera se permite la extradición, de los EE. UU. ha nuestro país, de ningún militar estadounidense para ser juzgado en el nuestro, aunque éste se encuentre confeso de delitos graves. La secretaria del Departamento de Estado, Condoleezza Rice, ya puede desgañitarse jurando a los líderes de la UE que ellos, los estadounidenses, no torturan, sin embargo, los hechos contradicen sus palabras, y su famoso, como mentiroso “modelito” de la defensa de los Derechos Humanos, no pasa de ser un mito que ni su párvulos creen. Cuando el presidente Vicente Fox da instrucciones a la cancillería mexicana para emitir un voto, ante un organismo internacional, condenando la política de Derechos Humanos del país hermano de Cuba, ve la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio. ¡Qué desvergüenza! Gerardo Reyes Gómez. 12 de diciembre de 2005.
EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EL SÍNDROME DE VIETNAM Lentos como son los estrategas de Washington, fue hasta la semana pasada cuando reaccionaron a nuestro editorial encabezado como “Arde París”, del 14 de noviembre pasado, donde apuntábamos que la revuelta social que se produjo, en diversas ciudades de Francia, pero especialmente en París, con miles de automóviles incendiados, podía extenderse a diferentes espacios del globo terráqueo, como consecuencia del fenómeno global de la migración y de la discriminación racial y cultural sobre las minorías de origen migrante. El equipo de George Bush registró el editorial y, en honor a la verdad, deben haber habido algunos otros análisis que motivaron a al administración de la Casa Blanca a actuar en consecuencia. En lo que a nosotros respecta, el presidente Bush viajó a la línea fronteriza con México y envió comunicaciones al Capitolio de una radicalización de la política migratoria estadounidense para endurecer, al máximo, las medidas para frenar a los migrantes mexicanos indocumentados. Una solución parcial al conflicto, pero el viaje de Bush no dejó de ser una aceptación de que la situación de los millones de mexicanos viviendo en los EE. UU. puede, en un momento dado, llenar de violencia los puntos de mayor concentración de mexicanos, lastimados por una política autoritaria y discriminatoria, por parte del gobierno y la sociedad estadounidense. Una fotografía del presidente Bush dio la vuelta al mundo la semana pasada, en la cual se veía al huésped de la Casa Blanca supervisando personalmente las nuevas instalaciones diseñadas por la Border Patrol e inyectando ánimo a sus oficiales migratorios para detener, bajo cualquier medio, la amenaza de la migración descontrolada. Estamos conscientes que la reacción del presidente estadounidense fue, al mismo tiempo, motivada por graves problemas de la política doméstica. Ante una histórica y dramática caída de la popularidad de Bush (por abajo del 40%), y como resultado de una encuesta relámpago para estudiar las causas de esa caída, se encontró que la mayoría de los ciudadanos siente como una amenaza, el incremento indiscriminado de migrantes mexicanos. Así Bush, con su promocionado viaje a la frontera perseguía incrementar su popularidad y la gobernabilidad de sus instituciones. Otro factor que está influyendo poderosamente en el ánimo social norteamericano es el Síndrome de Vietnam. La mayoría ciudadana, finalmente, se dio cuenta de que había sido engañada por una camarilla de poder para llevar a EE. UU. a una guerra preventiva (jus belli) contra Irak, que le ha costado más de dos mil muertos y más de quince mil heridos estadounidenses, más los que se acumulen esta semana. El huésped de la Casa Blanca y sus asesores pensaron que con un buen discurso de tintes patrióticos podría volver a despertar el espíritu bélico de los ciudadanos pero, con solo palabras, le será imposible borrar la sensación de derrota, como la vivida en los últimos meses previos al fin del conflicto en Vietnam. Además, en nada ayudan los actos de corrupción escandalosa en las altas esferas de la administración Bush. Como es fácil observar, la mezcla de los ingredientes del cóctel político de Bush es altamente explosiva, y es fácilmente previsible el incremento de sufrimiento en los migrantes mexicanos allende la frontera. Especialmente porque el endurecimiento de la política migratoria no es la solución de un problema que ha rebasado a Bush y a sus estrategas. Gerardo Reyes Gómez. 05 de diciembre de 2005
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