ZEDILLO EL ARTISTA DE LA MENTIRA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 04-07-00)

En los momentos inmediatamente posteriores a la hora de darse a conocer la derrota de Pancho Labastida en la elección del 2 de julio; los militantes de diferentes niveles en el PRI mascullaban con rabia maldiciones y la palabra ¡traición, traición, traición! refiriéndose a Ernesto Zedillo.

Si lo que afirmaron los priístas el día de su noche triste es cierto, yo me permitiría parodiar a Sun Tzu, en su famosa obra "El arte de la guerra"; Ernesto Zedillo elevó el arte de la impostura a niveles de excelencia. Con su estrategia logro engañar a millones de miembros de su partido, haciéndoles creer que estaba de su lado cuando, en realidad, su caballo negro en la carrera presidencial se llamaba Vicente Fox.

Claro que lo que hizo Zedillo no es una traición, en términos técnicamente puros. No, nadie podría probarle nada de eso. Él nunca ordenó o recomendó a nadie que votara por el candidato del PAN. Sin embargo, sabido es que los presidentes priístas, para conservar el sistema político incólume, trabajaron siempre con diseños de estrategias ganadoras. Cuando daban instrucciones de ganar a como diera lugar, entonces sobre venía el fraude, electoral apoyado en muchas técnicas amañadas para alterar el resultado de la elección. Tan cínico era el proceso que se llegó a afirmar que en nuestro país los votos no se contaban, solo se pesaban.

Esta documentado en las memorias de Gonzalo N. Santos, que el mismísimo general Lázaro Cárdenas, le dio instrucciones para ganar la elección presidencial en la cual resultó ganador Manuel Ávila Camacho. El "alazán tostado", mote con el cual se conocía a Santos, se presentó el día de los comicios en varias casillas electorales, donde se sabía que la oposición contaba con mayoría. Ahí, ametralladora en mano, el y sus secuaces dispararon a mansalva, sin importarles si algunos caían muertos. El resultado fue que la noticia corrió como reguero de pólvora por la ciudad y los simpatizantes de Almazán corrieron a refugiarse en sus domicilios. Zedillo no hizo nada de eso, más bien la imputación de traición que le atribuyen sus copartidarios es, justamente, por que no hizo, lo que debería haber hecho,  para lograr la victoria de Pancho Labastida.

Zedillo puede alegar que su conducta fue dictada por el bien de México, o quizá, puede afirmar que fue obligado por el gobierno estadounidense, lo cual es rigurosamente cierto, pero el resultado es que, efectivamente, traicionó a su partido y, a pesar de ello, pasará a la historia como el gran democratizador de la era moderna en nuestro país.
Quien desee abundar sobre el asunto, puede leer el artículo "Traición en Los Pinos" publicado, premonitoriamente, en esta página Web, el 21 de mayo pasado. (Ir a Lo nuevo en Línea Directa en la portada)