poder central del Estado. Un poder que no tiene por que residir en el Ejecutivo, ni en el Congreso y menos en el poder Judicial. Clinton lo supo desde su primera campaña, ya hace varios años y luego, dolorosamente lo confirmaría. De hecho él trató de acotar los alcances de ese poder pero, finalmente, se dio cuenta que falló en su intento. Y si a lo anterior agregamos que a los generales del pentágono también les convenía obedecer las directrices de los grupos de interés que necesitaban a George Bush en la Presidencia, entonces el negocio resultó redondo. A pesar de poner en evidencia las imperfecciones del mal llamado "sistema más democrático de la era moderna".