EL CANCILLER Y LA PARÁBOLA DEL PERRO
Por Gerardo Reyes Gómez.
(LD 16-01-01)
Don Jorge G. Castañeda, el secretario de Relaciones Exteriores de México por obra y
gracia del presidente Fox y de los señores a quienes representa, vive en estos días una
situación muy especial: deberá decidir si Ricardo Miguel Cavallo, el agente de la CIA
argentino y antiguo miembro de la Escuela de Mecánica de la Armada Argentina, debe o no
ser extraditado a España, para ser juzgado por el juez español Baltasar Garzón.
El canciller mexicano debe tomar la decisión dentro de los próximos veinte días
hábiles y, desde ahora anticipamos, no será empresa fácil, por una sencilla razón que
gira en torno al conocido refrán popular: "perro no come perro".
El conocido argentino que en la época de los generalatos se ocupó de violentar los
derechos humanos de docenas de prisioneros políticos en su país, formó parte de aquella
sanguinaria camarilla de militares que ejerció el poder con efectividad, pero con saña.
La misma camarilla que participó en la operación encubierta de los EE.UU. para entrenar
a la Contra, durante el movimiento revolucionario nicaragüense. Fue en esos tiempos
cuando la CIA reclutaba a diestra y siniestra a un buen número de entonces jóvenes
funcionarios en toda Latino América.
Hoy las cosas han evolucionado, don Jorge Castañeda sirve a los intereses por los que fue
creado. El que fuera reclutado por los servicios de inteligencia estadounidenses, en
diferente momento y circunstancias que Cavallo, y luego formado para escalar posiciones de
poder en México y a quien, en un principio, le diseñaron y promovieron una imagen de
intelectual de izquierda moderada, hoy está en un predicamento: decidir si
extradita a Cavallo o niega la extradición, lo que equivaldría a ponerlo en plena
libertad. Ello no es fácil porque Cavallo es reconocido por numerosos organismos
defensores de los derechos humanos a nivel mundial, como un auténtico delincuente y
torturador. La decisión de Castañeda podría equipararse a un juicio con el cual se
puede o no castigar a un extranjero, pero siendo Cavallo hermano del mismo dolor ¿cómo
puede el canciller juzgar a una persona que como él, sirve a la misma potencia que los
recluto a ambos, aunque en diferentes momentos?
Perro no come perro, pero ¿qué tal si don Jorge se ensucia las fauces con la
sangre de un hermano? Aunque también existe otra posibilidad: a lo mejor ni lo dejan
tomar la decisión sobre Cavallo y ésta la toman sus superiores para proteger aún más a
don Jorge. Entonces sí que Cavallo estaría perdido. La moneda está en el aire... |