Linea Directa


 

COMO MACARTHUR CARLOS SALINAS DIJO: "VOLVERÉ

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 17-11-08)

Los cambios más importantes en la alta política son sutiles, sin barullos ni grandes parafernalias. Si los lectores mejor informados lograron percatarse de la nueva conformación de los hombres del poder, como dirían los gringos, están “in”, y si no la conocen están “out”.

Ya redimensionado Carlos Salinas de Gortari se ha convertido en al nuevo factotum de la política mexicana. Sin lugar a la menor duda el ex presidente Salinas es quien determina el rumbo de la política en México. De hecho la brutal insensibilidad política e incompetencia de Felipe Calderón orilló a Salinas a tomar las riendas del aparato de toma de decisiones políticas trascendentes del Estado anticipadamente a sus propósitos. A él le hubiera gustado ejercer su poder, desde una muy cómoda posición en segundo o tercer plano. Sin embargo, la crisis en gobernación se precipitó y fue el catalizador de los nuevos acontecimientos.

Salinas, ante la inminencia de un desequilibrio que hubiera podido resultar fatal, se vio obligado a intervenir para recomponer las fuerzas del PAN, tomar los bártulos y agrupar, en torno al equipo del Jefe Diego, a los prohombres que necesita para sacar delante su proyecto. ¿O es que nadie notó cómo las fuerzas políticas se fueron alineando para la destrucción política de la imagen de Andrés Manuel López Obrador? Este fue un elemento aglutinador de los panistas declarados como acérrimos enemigos del tabasqueño, a quien tradicionalmente han reconocido como el enemigo número uno a vencer. 

Una jugada maestra del ajedrez político que le permitió a Salinas consolidar un frente común favorable a sus intereses dentro del PAN, porque hacía pensar a los panistas que se estaba trabajando para finiquitar la amenaza que representaba el tabasqueño, cuando en realidad lo que se estaba consolidando era el advenimiento de la segunda época de Carlos Salinas al primer nivel de poder en las decisiones de Estado.

Los conflictos interpartidistas producto de insidias y envidias dentro del PAN debilitaron e hicieron manifiesto el débil liderazgo del partido, al grado de hacer a Juan Camilo Mouriño prescindible, es más, un verdadero estorbo que, para cuando murió, su desaparición ya era un deseo explícito de tiros y troyanos; un cadáver viviente, que antes de morir emanaba un olor a muerte, fuera física o institucional, y aroma que no pudo pasar desapercibida a Carlos Salinas y a sus enclaves dentro de la estructura del PAN.

Para esas alturas el Jefe Diego había tomado al toro por los cuernos y definió, con la estrategia diseñada por Salinas, el nuevo rumbo de  Gobernación. Algo de lo que Salinas no quedó muy satisfecho fue la velocidad con la que se hicieron los cambios. No hubo tiempo suficiente para consolidar algunos amarres y, lo que esperaban madurar en un tiempo mayor, se les precipitó. Por fortuna para Salinas la situación en el PRI estaba completamente dominada, su operador Manlio, había realizado un trabajo espléndido y todo estaba encaminado a engranar las posiciones de los dos partidos dominantes y dar el último empujoncito a un PRD listo para sacarlo de la jugada electoral y ponerlo al borde de la ruptura total. Los “Chuchos”, así llamamos en mi tierra a los perros callejeros y corrientes, eran los enclaves de Carlos Salinas en el PRD y solo les quedó el recurso de bailar al ritmo de la batuta de Salinas y, al menos por ahora, no se aprecia ninguna reacción con fuerza suficiente para hacer peligrar las intenciones de la nueva hegemonía interpartidista mexicana. 


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