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JUEGOS DE PODER
LOS MUERTOS DE JUÁREZ Por Rodolfo Sánchez Mena (LD 08-02-10) E-mail: sanchemena@yahoo.com La violencia desatada en Ciudad Juárez por el narcotráfico contra la población, ha causado una conmoción nacional, al ser masacrados 15 jóvenes estudiantes de la clase trabajadora a manos de un comando de la muerte, como los denominó en LD Gerardo Reyes Gómez. Si bien se atribuye directamente a este comando la responsabilidad de la ejecución múltiple, no puede soslayarse que los muertos de Juárez son un daño “colateral” de la estrategia de guerra contra el narcotráfico declarada por Felipe Calderón. En lugar de enfrentar los reclamos e indignación por la masacre de los estudiantes en una guerra donde la población paga con vidas el costo, Calderón le da la vuelta al problema, prefiere irse de gira a su tierra, a Tuxpan, Mich., para tratar de congraciarse con sus paisanos, llevándoles limosnas a los afectados por el desbordamiento de un río. Pero a donde quiera que vaya Calderón se encuentrará con una población agraviada por las consecuencias de la guerra contra el narcotráfico. Este es el caso de la invasión militar y policiaca de Michoacán, dirigida a descabezar al gobierno de Leonel Godoy. Este operativo militar resultó un fracaso político rotundo, al ser liberado por un juez federal los funcionarios y presidentes municipales aprehendidos, ante la imposibilidad de demostrarles su culpabilidad de los cargos que se les hacían. Y en lugar de presentarles disculpas, se insistió en una actitud persecutoria que desdeña la decisión del Poder Judicial. Los muertos de Juárez, colocan a este centro maquilador en el primer lugar nacional de decesos relacionados con el narcotráfico. El número de ejecutados ha alcanzado los 2,000 muertos, lo que representa el 25 % del total de eventos registrados en el país, esto es, 10 mil. Por otra parte se destaca que la frontera mexicana con los Estados Unidos, desempeña un papel especial en cuanto la aportación del número de vidas a la estrategia de guerra contra el narcotráfico, al concentrar alrededor de 7 mil muertes. Debemos aclarar que los 2,000 muertos de Juárez se encuentran directamente vinculados con “las muertas de Juárez”. Son una nueva etapa ascendente del mismo fenómeno y por lo tanto consecuencia del mismo. Las muertas de Juárez son consecuencia de un contexto similar. Solo que ahora la violencia es producto de una guerra especial, donde la población civil es el objetivo de los ataques. Ahora, la violencia no es sexista, no tiene preferencia por el sexo, aunque el número de hombres supera al de mujeres muertas. Las muertas de Juárez nunca fueron investigadas ni su(s) responsable(s) material e intelectual(es), fueron enjuiciados. Ahora, la matanza de los jóvenes ha producido resultados asombrosos por la velocidad de respuesta para hallar y detener a los culpables. Nadie le da veracidad a la muerte del jefe del comando asesino y a la captura de uno de los ejecutores es considerada como una simulación o un chivo expiatorio. La violencia en Ciudad Juárez, como los hechos violentos registrados en Torreón, Coahuila, se correlacionan. Tienen un origen multifactorial y multidimensional. Se presentan en un espacio de una frontera estratégica geopolítica, compartida con la potencia militar industrial que busca confirmar su hegemonía ante la emergencia de nuevas potencias y grupos terroristas que amenazan su seguridad interna. El narcotráfico y el crimen organizado al que pretende derrotar la guerra calderonista, y que culminan sus operaciones en el espacio de esta frontera no es un fenómeno meramente casuístico y estrictamente comercial. Los cárteles y sus capos no tienen la autonomía que se les adjudica y las operaciones comerciales y financieras, en el control de los grandes mercados y del lavado y conexión a los grandes circuitos de las finanzas y de las bolsas de valores, se encuentran más allá de sus alcances. No por falta de inteligencia o de propósito, simplemente porque así esta estructurado el negocio a nivel global. La apertura de mercados como el de los jóvenes franceses a los que se les pone al alcance en cantidades y a precios accesibles el consumo de cocaína, heroína y metanfetamina, es un ejemplo contundente de nuestra afirmación anterior. La introducción de heroína para inhalar como innovación de mercado es otro más. Desde luego que la apertura no es cuestión de mercado, implica una decisión política y de seguridad, incluso de la OTAN. La zona fronteriza y Cd. Juárez en particular se constituyen en un centro de operaciones del narcotráfico, no por sí solos, sino como enlaces, tanto con sus homólogos norteamericanos para abastecer la demanda interna, como a través de los más altos niveles de decisión del poder norteamericano. La violencia que afecta a la población fronteriza en su conjunto, no tiene por sí misma una explicación local ni se resuelve por lo tanto, de manera local; por ello se entiende a la autoridad municipal, estatal y federal, aunque trabajen de manera estrecha y se preocupen seriamente por tener policías locales, estatales y federales bien uniformados y equipados. O que patrullen las calles soldados o marinos. Esto no cambiará nada, solo el paisaje urbano será modificado al ser decorado con la presencia militar y policíaca. Pero la violencia se mantendrá. Lo presentado como exitoso, muertes de grandes capos y decomisos históricos, no ha logrado reducir el baño de sangre en el territorio nacional. Lo que llaman éxito, ha venido multiplicando el número de victimas entre la población y cobrando más vidas de periodistas, convirtiendo a esta profesión en una de las peligrosas, al actuar como corresponsales de guerra sin las debidas protecciones ni reconocimiento de su rol. Para reparar las causas que convierten a las ciudades fronterizas en centros de violencia, se ha pretendido revertirlo recurriendo a cubrir el recorrido que hace la droga por la ruta hacia el centro de operaciones; el desplazamiento del operativo por la ruta de tráfico, como táctica, no ha logrado ni afectar la operación ni menos reducir la violencia.. El problema de la violencia es de carácter binacional y no solo doméstico. En el caso de Juárez tan pronto pasa uno la frontera las cosas cambian. Esto es así porque del otro lado se encuentra además del centro de inteligencia de El Paso la mayor base militar norteamericana. La guerra al narcotráfico es una estrategia fallida; en la medida que se desenvuelve como una espiral de violencia contra la población civil, particularmente los jóvenes que son afectados tanto por el consumo como por quedar en medio de la disputa de los territorios. En consecuencia, el cambio de estrategia implica ir a fondo. Tener como objetivo de gobierno el proteger a la población e impedir que esta siga aportando los muertos. Así de fácil. Lo demás es otro problema, que no tiene porque convertir a la población en la que pague el costo de la guerra para que otros consuman y se atasquen a gusto y se enriquezcan unos cuantos.
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