Linea Directa


 

EL MINÚSCULO CALDERÓN

Por Gerardo Reyes Gómez (LD 15-03-10)

 

Felipe Calderón agotó su tiempo en la Presidencia de México y esos sueños en torno a darse un autogolpe de Estado con ayuda de la Armada de México, del Ejército Nacional y la caricatura de los paramilitares de “El Yunque” para retomar la primera magistratura, mismos que le envenenan el alma, no van más allá  del pataleo al que tiene derecho; son sus ansias de prevalencia que lo enferman.

Mucho más honesto hubiera sido reconocer a tiempo que él nunca contó ni con la inteligencia ni con los tamaños para ser presidente de México. La carga que comenzó a agobiarlo desde el primer día que lo hicieron pensar que era un verdadero presidente, ahora cada vez más lo aplasta y lo pone más enfermo. Por eso comenzó buscando apoyo en la evasión que le proporciona su dipsomanía, pero ya ni con ella puede vivir tranquilo.

Una situación que lo angustia es que antes de terminar su espurio mandato será rechazado hasta por su mismo partido político, cuyos dirigentes lo han comenzado a menospreciar públicamente. En ese largo peregrinaje sabe que tendrá que enfrentar el abierto repudio hasta de aquellos que se dicen sus amigos y, claro, sus más hipócritas aliados.

Calderón no tiene para dónde hacerse. Si Carlos Salinas ha sido el ex presidente más señalado por el repudio, Calderón lo será aún más porque la mayoría de la población sabe que, mientras él esté aferrado el poder millones de mexicanos sienten, en sus familias, los signos de la pobreza extrema. Millones de compatriotas hoy no saben si podrán comer mañana. Y todo por la incapacidad de una persona que nunca debió aceptar una responsabilidad para la que nunca estuvo preparado.

Cualquier persona con más de un centímetro de frente podría darse cuenta que un incremento en el precio de los energéticos, por leve que este sea, conllevará un aumento, casi exponencial en el costo de la vida. Y a él le gusta pensar que lo continúan engañando; está rodeado de nulidades en todos los niveles, sin poder aceptar que es él, el inepto e incapaz. No ha pasado mucho tiempo desde que prometió, en otra de sus famosas mentiras: la construcción de una refinería para procesar el petróleo que aún explota la mal llamada PEMEX. Una burla más que nos tragamos los mexicanos cuando Calderón estaba prometiendo el oro y el moro, sin tener un aval que lo respaldara.

     


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