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LA PALABRA
INVITADA
¿DE VERDAD EL PETRÓLEO ES NUESTRO?
Por Víctor Manuel
Barceló (LD 26-07-10)
Correo electrónico:
v_barcelo@hotmail.com
El pantano económico y social en que se hunde el país, sigue
devorando esperanzas de todos niveles y tamaños. Los recursos aún
cuantiosos que provee la exportación de hidrocarburos, son mal utilizados,
en gasto corriente o en compra de petroquímicos que no acaban de
producirse internamente. Quienes pensaron que “el gobierno del empleo”
resolvería –aunque fuese en parte- el creciente desempleo nacional, están
penosamente extrañados de fantasiosas apreciaciones oficiales, porque a su
bolsillo no llega nada por ese camino.
Los que esperaban flexibilidad y financiamientos blandos, a tiempo y en
forma, para reemprender o crear nuevas tareas productivas en la pequeña y
mediana empresa, se estrellan en la incomprensión, corrupción y “valemadrismo”,
no solo en la aplicación de las fórmulas mágicas oficiales, o al afrontar
impuestos, que solo se aplican a los causantes cautivos, sino en las tasas
de interés y amarres que los bancos ofrecen, haciendo inaccesible el
crédito para la mayoría.
Aquellos que ya no quisieron volver a la producción, porque se sentían
cómodos en el comercio y servicios (turismo, comercio en pequeño de
alimentos y enseres para el hogar) ya no encuentran la salida; sufren lo
mismo que sus ex compañeros productores (crédito y demás); pero también
competencia, con precios administrados -unos apoyan la competencia
destructiva del mercado interno, de otros- y demás linduras que los medios
impulsan (bien pagados por supuesto) para engancharnos incautamente en
comprar de empresas departamentales, que difícilmente ofertan productos
regionales, a veces ni nacionales.
Los apoyos al campo apenas sí alcanzan para que la gente no se muera de
hambre y no toda. La mayor pena frente a los programas de ayuda es que
“distraen al receptor”, esperanzado en salir adelante con unos cuantos
pesos, olvidando su capacidad natural para producir. Organizarle sería la
ruta, que alguna vez dio resultados positivos. Además, no hay forma de que
puedan después colocar adecuadamente su modesta producción, salvo en
mercados “clandestinos” que se van formando a la orilla de las carreteras,
adonde no les abandona el “cobro de piso” legal –o ilegal-. Corrupción y
explotación también les afecta.
Sus familias, si bien les va, son “apoyadas” por programas preparados para
los más pobres a nivel universal, que aplica el gobierno federal a los
marginados. Esto les conduce también, en una inercia de caída libre que
destruye capacidades para salir adelante por propio impulso. Los más aptos
o arrojados, se lanzan por puertas falsas: éxodo a territorios del
imperio, en que son “cazados” como criminales o explotados sin
consideración; o incorporación en agrupamientos armados, legales e
ilegales, enfrascados en una “guerra” sin solución aparente.
A eso sumémosle otras calamidades como: inundaciones, por lluvias o mal
manejo de presas; fuego cruzado que inhibe muchas actividades de las
personas, aunque no estén involucrados en dichos hechos y otros. Por
ejemplo, el país está en peligro de graves consecuencias por la explosión
del pozo petrolero, acaecida en territorio del Hoyo de Dona que
corresponde al imperio –perforado a 1,600 metros de profundidad marina-.
El descontrol no puede ser resuelto. Hay información científica -de otros
rumbos planetarios- que presenta dantescos resultados, posibles, de tal
“descontrol” del flujo de hidrocarburos. Por lo pronto hay once personas
muertas y un daño irreparable al medio ambiente.
La información oficial nos dice: (Tom Buyea FL News Service) que “la
estimación de tasa de derrame de crudo, aumenta a 2,5 millones de galones
por día”. Pero hay consecuencias documentadas, que pintan un panorama
estremecedor al poderse afectar –tsunami provocado por las explosiones del
gas metano que escapa de las profundidades del océano, en donde se
“descontroló” el pozo- desde 50 hasta 200 millas más allá de la orilla,
“dependiendo de la altura del tsunami, los restos del océano, del petróleo
y las estructuras existentes que serán arrastradas hacia la costa y el
interior”. “Incluso si los restos son limpiados y retirados, los
contaminantes que quedarán en el suelo y en el suministro de agua harán
completamente imposible la repoblación de estas áreas afectadas durante un
número de años desconocido”.
Tales consideraciones se dan en momento delicado para la economía de EU,
cuando su crecimiento pierde el paso. Veamos: su desocupación permanece en
niveles muy elevados -9.7%- y los datos de creación de nuevos empleos
-mayo y junio- marcan tendencia al estancamiento; el Índice de Confianza
de los Consumidores del imperio, sufrió caída brutal de 10 puntos
porcentuales; señalando tendencia al estancamiento en compras de
consumidores, complicando el crecimiento de su PIB. Por cierto, el PIB en
EU -primer trimestre del año- se había anunciado en 3.2% su incremento.
Revisado crecerá solo un 2.8%.
Sea exagerado o no -volviendo al análisis presentado por los científicos-
es de preocupación mayúscula para todos los pueblos, en torno al Golfo de
México. ¿Cómo país, estuvimos a punto de aceptar otra fallida propuesta
del gobierno federal actual? Recordemos su presión, por todos los medios,
para que se autorizara hacer pozos profundos en el océano –Golfo de
México, precisamente-. Problemas gravísimos podríamos estar viviendo, si
el Congreso de la Unión hubiese aprobado dicha terquedad oficial para ir a
“rescatar el tesoro al fondo del mar” –como se publicitó- con el apoyo de
diversas empresas transnacionales, incluida la BP (por sus siglas en
inglés) responsable de la catástrofe en el pozo incendiado y
descontrolado.
El petróleo es fuente persistente de recursos para el país. Provee empleos
cuantiosos. Salvaguarda nuestra capacidad de decisión soberana. El
gobierno federal goza de sus ingresos para cubrir más del 40% de su gasto
anual, desafortunadamente aplicado al gasto corriente, perdiéndose
posibilidades reales de inversión productiva. Esto y más se analizó y
reiteró durante la negociación en el Congreso de la Unión, para las
modificaciones que se hicieron a la legislación sobre hidrocarburos. El
pueblo y el Congreso fueron claros: privatización ¡NO! A pesar de ello
persiste la idea de su privatización.
Los acuerdos logrados en torno a la llamada ley energética, dejó varios
cabos sueltos por donde persiste la invasión de capitales y tecnologías
extranjeras, bajo control mínimo por parte de la paraestatal PEMEX y las
leyes tutelares. Estas funcionan suavizadas en reglamentos y mecanismos de
aplicación directa, tanto en la exploración, explotación, como en diversas
acciones correlacionadas con el manejo de los residuos, los que no son
siempre tratados adecuadamente, por ello amplias zonas en que se explota
el petróleo, continúan afectadas por tiempo indefinido, debido a derrames
y otros subproductos que se quedan o queman en el sitio de explotación.
Casi todas las empresas que intervienen son extranjeras. A las nacionales
les cuesta mucho trabajo incorporarse a tareas puntuales de servicio a
PEMEX. Aunque su trabajo sea mejor, son preferidas las foráneas.
Si “el petróleo es nuestro”, como reza un antiguo slogan gubernamental,
debiera servir, fundamentalmente, para dotar de recursos a las zonas y
regiones de las que surge su producción. Esta sería una fórmula que
superaría la posición incómoda de la paraestatal, como responsable, no
solo de las afectaciones al medio ambiente -en que incurre
documentadamente- sino de la detención del crecimiento, incluso su
desaparición, de productos agropecuarios primarios. Ya no se diga de
diversas cadenas productivas, que pierden mano de obra y no obtienen
mercados locales atendiendo a centenares de “petroleros” que trabajan y
habitan por diversos rincones del territorio nacional.
La vinculación de las secciones del sindicato petrolero, que correspondan
a cada región, con los campesinos organizados, bajo la guía y apoyos de
toda índole, de gobiernos municipales y estatales, puede llevar a la
conformación de pequeños mercados locales, que detonen la recuperación
puntual de zonas productoras. Frutales, hortalizas, ganado vacuno,
porcino, caprino, ovino y sus subproductos y otras producciones, podrían
realizarse para cubrir las necesidades de elaboración de alimentos para
trabajadores y empleados de PEMEX y las empresas que hacen servicios a
dicha empresa.
No es nuevo lo que señalo. Lo hemos repetido en artículos y ante
instancias de gobierno y privadas. PEMEX conoce y tiene algunas
experiencias positivas en ese terreno. ¿Qué esperamos para ponerlo en
práctica, con acción concertada de gobiernos-sindicatos-empresa?
Estaríamos rescatando mercados internos y dando mejor alimentación a
petroleros, empleados de empresas y avecindados. Lo fundamental sería
rescatar, a partir de la explotación petrolera, la dignidad de pobladores,
que ahora: sufren consecuencias en su medio de dicha explotación; se
especializan en sacar migajas de la empresa o se van a otros destinos,
abandonando tierras, paisajes y amores de todo tipo.
Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com Villah. Tab. 25-VII-2010.
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