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| EL
PRESIDENTE "IRREGULAR" Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 26-07-01) La
primera impresión fue de azoro; la Presidencia de la República anunciaba
que la señora Sahagún sería la representante personal del señor Fox en
la ceremonia de toma de posesión del presidente Toledo en la hermana República
del Perú. A más de un mexicano nos vino a la mente aquello de: “no
basta que la reina sea decente, también debe parecerlo”. Parodiando
ese decir, con respecto al señor Fox, podríamos decir lo siguiente: no
basta que don Vicente sea el presidente, también debe parecerlo. Pero,
por desgracia, no es el caso, él se parece a todo, menos a la idea que
tenemos los mexicanos de lo que debe ser un presidente. Ninguno
de los ciudadanos (y ciudadanas) que votó por el señor Fox podrá
recordar que entre sus promesas de campaña estuviera la de convertir a su
pareja en una reina. Efectivamente, muchos recordamos algunas promesas
como por ejemplo, aquella de que el crecimiento económico del país en el
primer año de mandato alcanzaría el 7%, o que él resolvería el
problema de Chiapas en quince minutos, sin embargo, por más esfuerzos que
hacemos no viene a nuestra memoria promesa alguna sobre que él le
restregaría en el rostro de los mexicanos la imagen de su compañera,
para que nos la encontráramos hasta en la sopa. La
situación es muy delicada porque, recordemos, tenemos un presidente
“irregular” ( el adjetivo no lo aplicamos nosotros, sino el cardenal
Norberto Rivera quien calificó la unión religiosa de Fox como tal) pero
además, el presidente corre el peligro de que algún miembro de la
oposición política, por ejemplo Martín Batres, se presente ante las
autoridades del Registro Civil del Distrito Federal y solicite la anulación
del matrimonio civil, con base en las irregularidades que cometió el juez
que dio fe de la unión civil. Ello bastaría para que de inmediato se
iniciara un juicio que terminaría, indudablemente, con la anulación de
la feliz unión que estamos padeciendo los mexicanos. Y si, sumado a lo
anterior, ese proceso judicial se llevara a cabo durante la misión diplomática
que tiene asignada la señora Sahagún en el Perú, entonces podría
armarse el pandemonium, porque resultaría ser que el señor presidente de
México, técnicamente, habría nombrado a su concubina como embajadora
plenipotenciaria para asistir a las ceremonia del cambio de poder en el
Perú, y por menos quisquillosos que sean los peruanos podrían tomarlo
como una descortesía. Como puede observarse los mexicanos contamos con un presidente algo más que “irregular”. Especialmente cuando en acto de suprema autoridad (de esos que el nuevo régimen dice haber dejado atrás para acabar con el autoritarismo) el presidente nombró, entre la comitiva que deberá acompañar a la señora a Perú, al secretario de la Defensa Nacional como si éste fuera un edecán que acompaña a una dama a un baile de disfraces y, aún no contento con eso, también le nombra a un comodoro, de los que visten de azul, quizá con el propósito de que le sirva de ujier a quien lleva irregularmente al extranjero la más alta investidura política del Estado mexicano. Del acompañante Adolfo Aguilar Zinzer, mejor no hacemos comentario, ya que no deseamos herir la fina sensibilidad de los señores de la CIA.
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