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| DE PODER A PODER; PERDIÓ
EL PAN Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 01-10-01) Midieron
sus fuerzas y sin elegancia en el estilo, pero con inequívoca eficiencia
“El Güero Castañeda” envió a la lona, con un uppercut directo a la
barbada mandíbula de “el Jefe Diego”, las pretensiones panistas de
imponer al canciller solidaridad con el partido blanquiazúl; las buenas
intenciones se fueron al cesto de la basura. Todo el asunto giró en torno
a la ilegal nominación, por parte del canciller, de la señora Marie
Claire Acosta como embajadora especial para Derechos Humanos. El
asunto no es menor porque define con claridad el peso específico del
poder político del
secretario de Relaciones Exteriores de México, proyectándolo como el más
fuerte precandidato a la Presidencia de la República para el próximo
sexenio, con más posibilidades aun que la señora Martha Sahagún y que
el propio secretario de Gobernación. La
estrategia planeada por Castañeda fue hábil e inteligente. Esta vez no
fue de filigrana o tejida con técnica tru-trú. Simplemente, para sacar
adelante su proyecto de los nombramientos de embajadores, momentáneamente
congelados por el Senado, concitó por separado reuniones con los jefes de
las tres fracciones parlamentarias más numerosas de la bancada
legislativa. A cada uno les explicó que, si bien él se había saltado
las trancas con el nombramiento de una embajadora, sin hacerlo ratificar por
el Senado, él estaría dispuesto a rectificar retirándole la nominación
a la señora Acosta, si a cambio le ratificaban los nombramientos
pendientes. La negociación dio los resultados esperados; la tensión
entre el Senado y el canciller disminuyó y, lo más importante, le
permitió al secretario de Relaciones una comparecencia sin grandes
dificultades frente la Cámara alta. Sin
embargo, el golpe magistral vendría después. Castañeda, valiéndose de
la importancia de su papel en el actual juego internacional y sabedor de
sus contactos y lealtades que lo pliegan a los señores del imperio,
convenció a Vicente Fox de nombrar a la señora Acosta como subsecretaria
de Relaciones para los Derechos Humanos. Y ahora, si algún senador o
senadora desea visitar a la subsecretaria para tratar cualquier asunto,
previamente tendrá que preguntar en la Torre de Tlaltelolco si puede ser
recibido o recibida por la señora Acosta. Y aquello que parecía un
triunfo del Senado para enmendarle la plana a un miembro del Gabinete que
había transgredido el Derecho, se convirtió en una monumental pifia. Se
impuso el Poder Ejecutivo, sobre el Legislativo, cuando se privilegió a
la señora Acosta con un inesperado como sorpresivo ascenso. El
corolario de lo descrito podría resumirse así: Castañeda resultó ser
mucho canciller para tan poco “jefe Diego”. Especialmente
si recordamos que Acosta, la flamante subsecretaria, fue mencionada en una
sesión del pleno de la Cámara
de Diputados por el entonces fogoso tribuno Luis Sánchez Aguilar,
relacionando a la ONG que ella dirigía en México, con las partidas
secretas entregadas por el Departamento de Estado, bajo recomendación de
la CIA, a las asociaciones que se ostentan como defensoras de los derechos
humanos (A este respecto ver http://gerardoreyes.com/page638.html). Si
la reciente comparecencia de “el Güero” Castañeda en el Senado
resultó casi limpia, días después, en su posterior comparecencia en la
Cámara de Diputados, las cosas le fueron diferentes. Sin negociación
previa, como sucedió con el Senado, los diputados se le fueron encima un
tanto atropelladamente, acusándolo, no sin razón, de representar y
defender con mayor enjundia los intereses estadounidenses que los
mexicanos. Quizá un poco intuitivamente los diputados y diputadas que lo
cuestionaron sentían que la vehemencia demostrada por el canciller Castañeda
y, especialmente, la actitud viril con la cual apoyaba sus argumentos, era
una falsa postura; una sobreactuación. Al parecer la mayor preocupación
del secretario era dejar conciencia en los legisladores de que él era muy
“macho” y mucha pieza para ellos, y cuando en estos casos se presenta
una actitud exagerada, entonces, generalmente, se debe al irresistible
deseo de ocultar algo que le parece altamente vergonzoso: ni es tan viril
como quería aparentar y, al mismo tiempo, con su conducta pregonaba que
no se acepta a sí mismo, tal como en realidad es. Por todo lo anterior, el Güero Castañeda tiene varios motivos para estar muy orgulloso, cuando con éxito les “dio el avión” a los senadores del PAN, PRI y PRD pero, por otro lado, vaya que cuenta con motivos para estar seriamente preocupado. |
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